martes 21.01.2020

Distintas vidas

Los que vamos cumpliendo años, gastamos demasiadas horas en programas televisivos en estos días de anocheceres tempranos.

 Asimismo, y si el tiempo lo permite, hacemos el paseo rutinario para conservar la salud.  Y en las Asociaciones de Mayores, con mucho tino y buena predisposición, se juega a la baraja, y se hacen actividades que promueven la buena memoria, y una mejora en las relaciones sociales.

Padecemos hartazgo de tanta información detallada y exhaustiva sobre los problemas políticos de Cataluña. Sobre los ERE de Andalucía y su condena judicial. Sobre los apaños personalistas de los políticos, cada cual con su “ego”en el escaño del poder. Los ciudadanos somos el último eslabón en esta escala del arribismo político. Y existen prioridades en el vivir de los seres humanos, sobre todo en el ámbito rural, que son inapelables. Nadie menciona nuestras necesidades. Vivimos en los pueblos, muchos de ellos aislados por el mal tiempo, falta de cobertura tecnológica, y a veces, con problemas de suministro de energía eléctrica. Nuestros Médicos y Maestros atienden con generosidad y valentía a cualquier ciudadano pueblerino que requiera de su asistencia y su inmejorable preparación. Pero estas situaciones tan visibles y realistas, no es tema que redunde beneficios en los programas Informativos de televisión. Tampoco el trasiego de los niños hasta sus escuelas por carreteras olvidadas. Ni el deambular de esos conductores que llevan los medicamentos, o dan solución a problemas urgentes de sus convecinos. O esas furgonetas de alimentos congelados que suministran unos paquetes de comida apropiadas para los arcones frigoríficos. Y el heroico deambular, por rutas casi olvidadas, de los panaderos para llevar, no sólo el alivio del pan, sino la suerte de una especial ayuda psicológica por ese contacto diario y eficaz

Es evidente que en los pueblos no podemos acceder a una Sanidad, ni a una Escuela Privada, salvo alguna rara excepción. Como maestra de enseñanza pública, me duele oír, por parte de algunos políticos, los alardes y calificativos enaltecedores en pro de una “libertad” de elección de un centro educativo, público o privado. ¿Para quién? Sólo ello es posible para los que viven en las ciudades o agrupaciones urbanas de elite. Nada más. Pero podemos hablar, sin temor a equivocarnos, que aquellos niños que asisten a un centro de enseñanza público, están en manos de unos profesionales muy preparados. Estos profesores han superado unas oposiciones adecuadas para el mayor rendimiento de su trabajo. Los padres saben que no están comprando ninguna mercancía en el mercado de una enseñanza figurativa y mercantil. Sino que se deben a un respeto y colaboración con los profesores de sus hijos. Esa es la mejor forma de labrar un futuro equilibrado y eficiente para sus descendientes. Ningún pedagogo podrá obviar que la asignatura más importante está redactada en el entorno de la naturaleza que rodea a los pueblos. Vidas distintas, si. Pero vividas con dignidad. Existimos.

 

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