La Junta declara el conjunto de San Pedro de Arlanza y San Pelayo como BIC con categoría de Conjunto Histórico
El Consejo de Gobierno regional, en la reunión del jueves 7 de mayo, ha aprobado el acuerdo de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte por el que se declara el Monasterio de San Pedro de Arlanza y la ermita de San Pelayo en Hortigüela,, como Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico. La delimitación que se establece del Conjunto Histórico se ha realizado teniendo en cuenta la implantación en el territorio de estos dos inmuebles para la adecuada protección de las visuales sobre ambos, delimitando un área que permita percibirlos en su entorno natural y entender la conexión entre los dos bienes.
El conjunto formado por el Monasterio de San Pedro de Arlanza y la ermita de San Pelayo constituye uno de los ejemplos más antiguos del arte románico en Castilla y León y un referente del patrimonio cultural de la Comunidad. Ambos inmuebles están estrechamente vinculados a la historia del condado castellano y a la figura de Fernán González, cuyo linaje mantuvo una relación continuada con el monasterio a través de donaciones y patronazgo.
El monasterio se ubica en un meandro del río Arlanza, dentro del Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla, un enclave de gran valor paisajístico. Sus orígenes se remontan al siglo X, aunque en 1080 se inició la construcción de un nuevo templo románico. La iglesia original presentaba tres naves, cabecera de tres ábsides semicirculares y una estructura marcada por pilares cruciformes y elementos decorativos propios del primer románico.
Entre sus espacios más destacados figura la sala capitular, iniciada en el siglo XII y que llegó a albergar valiosas pinturas tardorrománicas posteriormente vendidas. También sobresale la torre, compuesta por dos cuerpos de distintas épocas, y la cámara funeraria donde fueron enterrados Fernán González y su esposa tras el traslado de sus restos desde la ermita.
A lo largo de los siglos XV al XVII, el monasterio experimentó importantes reformas, especialmente durante la etapa tardogótica, cuando se renovaron cubiertas y se levantó la bóveda estrellada de la capilla mayor. La integración del cenobio en la Congregación de San Benito de Valladolid motivó la construcción de nuevos claustros y dependencias para adaptarse a las necesidades de la vida monástica.
La ermita de San Pelayo, situada en un cerro al sur del monasterio, conserva restos prerrománicos y sucesivas intervenciones entre los siglos XII y XVIII. Destaca su ábside con bóveda de casquete sobre pechinas, así como la reutilización de sillares romanos. En el entorno se localiza además una cueva de ocupación prehistórica mencionada en la leyenda del poema de Fernán González.
Tras la exclaustración de 1809 y la posterior venta del monasterio, el conjunto sufrió un progresivo deterioro agravado por un incendio en 1894. A comienzos del siglo XX se descubrieron las pinturas de la sala capitular y, desde finales del siglo pasado, se han desarrollado diversas intervenciones de restauración para frenar su deterioro, algunas aún en ejecución.
El conjunto conserva también elementos asociados a la vida cotidiana del monasterio, como tramos de la cerca perimetral, restos de un acueducto que abastecía de agua al cenobio mediante un sistema de sifón y vestigios de un antiguo molino junto al azud. Estos elementos completan la comprensión histórica y funcional del enclave declarado Bien de Interés Cultural.