Carreteros (I) 1482. Pleito de los pueblos de Palacios, Vilviestre, Canicosa, Quintanar, Regumiel, Duruelo y Covaleda , contra Salas

Carretas de Covaleda sacando pinos del monte.
Abilio Abad nos entrega el primero de los capiítulos de 'Carreteros', con diferente documentación entorno a la actividad carreteril en la comarca de Pinares.

En el año de 1482 se da este pleito de los pueblos susodichos por la “DISUELTA”. Es muy interesante porque faltaban todavía 15 años hasta que se diera la primera ley, el año 1496, que inicia las que conformarían la llamada Cabaña Real de Carreteros. Que como demuestra este documento no hacen otra cosa que poner por escrito la costumbre y praxis del transporte con carretas de muchos años atrás Y el pleito se platea desde los pueblos, concejos,  no desde  carreteros singulares.

El transporte por medio de carretas tiradas por bueyes a través de largas distancias implicaba serias dificultades sobre todo para la alimentación de los animales. Una cuadrilla de carretas solía llevar 30 carretas, para lo cual eran necesarios 60 bueyes, más los de revezo, uno más por carreta, sin contar los necesarios para los carreteros. Por ello, los carreteros tenían  lugares donde solían aparcar y desuncir los bueyes para pacer y abrevar. Estos lugares reciben el nombre de DISUELTAS.

Estas Disueltas que se usaban por costumbre, luego las sancionan las leyes de la Institución de Cabaña Real. Pero no quiere decir que, antes de la Cabaña ni después, soltar los bueyes a pacer fuera una práctica pacífica para los carreteros porque a los lugareños no les hacía maldita la gracia.  Entresaco, como ejemplo, una pequeña parte de los testimonios de los diez testigos en este pleito  de 1482:

Testigo: Miguel Fernandez de los Mozos, vecino de Castrillo:

“...dixo que vio pasar con sus carretas e bueyes a los moradores de los dichos conçejos por los dichos terminos de Salas e desyunsir e apaçentar e abrevar e cortar leña para faser lumbre e madera para adobar sus carretas sin pena alguna guardando panes e dehesas e travados” (Este testimonio, casi textualmente está recogido así a partir de 1496 en una de las leyes de la Cabaña Real de Carreteros).

Testigo. Mingo Hernandez Chapero, vecino de Quintanar:“... dixo que sabe que el dicho conçejo de la villa de Salas de poco tiempo acá han perturbado e perturbaban a los dichos conçejos  e personas syngulares la dicha posesion e uso e costumbre”.

Testigo, Juan Marco, vecino de Bilbiestre:

“... que cuando cresçe el rio de la dicha villa que solian crusar por el vado de arriba e quando no podian pasar que pasaban por la puente tirando la rueda de la una parte de la carreta e pasando la otra rueda con lo otro a braço...e que los mesmos vecinos de la dicha villa de Salas les ayudaban a pasar”.

Testigo, Sebastian, vecino de Vinuesa:“...por la puente pasaban tambien quando no pueden pasar por el rio, sacaban la una rueda de la carreta e pasabanla a mano e la otra yva con el pertigal los bueyes yunsidos y ellos alçaron del exe...” (Cuantas veces al pasar por el puente del río Arlanza en Salas quiero imaginar esta escena repetida con cada una de las carretas)

Testigo, Matheo el herrero, vecino de Quintanar:

“... desunsieron en la dehesa de Castrillo e echaron los bueyes a lo de la Ledania comunero donde nunca prendó hombre y vino Juan Pellegero, montanero, e quierelos levar los bueyes a Salas e rrogaronle (tomase) prenda y no levase los bueyes y tomó él un acha y el dicho Matheo tomo la hacha porque no levava otra herramienta para cortar e dieronle un sayo por prenda e dexolos la hacha e levose la prenda a Salas e luego ese mesmo dia pasando con sus carretas por el mesmo camino real salió Ortega teniente de merino con çiertos vesinos de la dicha villa de Salas e prendieron al dicho Matheo e echaronle en unas cadenas de hyerro e quedaron sus carretas con sus bueyes yunsidos en medio del camino real e tuvieronle al dicho Matheo fasta tres o quatro oras desta manera y a los dichos sus bueyes también y despues sobre esto todo le bevieron medio real de vino  blanco...”

Además, al margen de retener alguna pareja de bueyes, “saben más de cincuenta hombres prendados en ropa de vestir e ferramientas: un capote cerrado de sayal e una capa, tres pares de coyundas, una barrena, un puñal, un pellejo de oveja”.

Cada testigo dice también  que “los vecinos y moradores de los dichos pueblos de Palacios, Bilbiestre, Canicosa, Quintanar, Regumiel y Covaleda de continuo cortan muchas madera de los montes de los dichos sus términos e de las comarcas y las llevan con los dichos sus bueyes y carretas a muchas partes”.   Así como “que desto vive y se mantiene e desto pecha al Rey e Reyna e de otra manera no se podría mantener porque no tiene otro oficio”.

Los documentos nos cuentan la vida de estos carreteros, gigantes de los caminos de España. Y la vida se iba lejos de mujeres, hijos o padres y del pueblo.  Su casa, la carreta; y el calor del hogar, sus bueyes. La posada, el cielo inmenso y la noche sola. El frío o calor y la lluvia compañeros de viaje. Y al llegar a villas y lugares no era el descanso merecido. No valen leyes ni privilegios. Los molestan, amenazan, roban y prenden. A veces, tienen que poner en círculo las carretas, y allí encerrarse bueyes, animales y hombres. Y soporta, luego, juicios y pleitos. Una vida diaria dura, que empieza con el alba y, cuando llega la noche, espera la tierra, lecho de estrellas, un descanso merecido y frágil.