ABERRACIONES EN EL TIEMPO. 45 años desde que se tiró el frontón de Navaleno para hacer una calle en dos direcciones

El trinquete de Navaleno en un partido de pelota, junto a una de las casas de construcción tradicional. Fotos: Higinio Acero.
Los vecinos no encajan cómo se pudo tomar una decisión tan equivocada, en una acción que no se ha conocido nunca en ningún pueblo de Pinares, y dejando al pueblo desde 1981 hasta 1993 sin la el sitio central de la vida local, pues el enclave hacìa de lugar de juego, reunión y ocio

Escribo ‘Frontón de Navaleno’ en el buscador de Google, y no aparece ni una sola foto. Me sorprende que nadie haya pasado una fotografía por redes o páginas diversas, o que sí esté esa imagen pero no exista actividad entorno con comentarios y recuerdos.

Quizá esa ausencia del que fuera escenario de grandes partidos de pelota a mano, centro de reunión, patio de colegio, lugar de juegos infantiles y rincón de escondite juvenil, esté  motivada por el paso del tiempo, capaz de borrar su silueta, su huella y su perpetuidad.

Ocurrió en febrero de 1981. Estábamos en el colegio, y ese día escuchamos el golpe de la máquina chocando con las piedras que caían al suelo en bloques, desbaratando un símbolo de la cultura y el deporte en Pinares. Oíamos a la máquina avanzar y retroceder, moviéndose a su libre albedrío, hasta que consiguió transformar el trinquete de piedra y el edificio de las antiguas escuelas en un montón de escombros, con maderas semienterradas, cemento y valiosos sillares.

Para los chavales de entonces, se nos perdía un sitio de juego y encuentro, pero para la gente más mayor era el recuerdo de su infancia y juventud. El ‘Juego pelota’, como lo conocían en Navaleno, era el patio de la escuela en horario escolar, y el sitio donde jugar y entretenerse para el resto del día. Cándido, mi padre, cogió semejante chupa de agua jugando a la pelota de adolescente que, al no curarse bien, tuvo que convivir con ella toda la vida en forma de bronquitis crónica. 

Esto refleja la pasión que tenía la gente por estar allí, pues su mundo era ese rincón con trinquete de piedra, muros y acacias, y recovecos que, en la oscuridad, se convertían en escenarios improvisados de deseos ocultos.

Las antiguas escuelas, ubicadas junto al frontón, era centro de reunión de la gente joven, y vestuario para el equipo de fútbol el C.D. Navaleno, cuyos jugadores y los del bando visitante debían recorrer una considerable distancia para incorporarse al variopinto terreno de juego, ligeramente inclinado, que ofrecía ventajas para quien tuviera que llegar a portería desde abajo en las segunda parte del partido. 

Presidía la corporación municipal en ese momento Bernardo Yagüe Peña, y en aquellos años una de las preocupaciones que mostraban concejales y vecinos era pavimentar la calle Alta, pues la Carretas, la Real y la del Medio ya tenían su asfalto correspondiente, y ésta en la Subida al Raso todavía era de tierra, y no tenía una estructura como calle. 

El resultado no pudo ser más funesto: una calle con dos direcciones que acabó con las antiguas escuelas, el trinquete de piedra, las acacias, casas y casillos que conformaban un conglomerado rural como tienen en todos los pueblos con callejas y calles estrechas.

Hubo que compensar a los propietarios de estos inmuebles con solares céntricos en el pueblo, dinamitando el escaso patrimonio municipal y haciendo unos trueques más propios de una república bananera que de un ayuntamiento ya entrado en la democracia. Ahí no acabo la fatídica actuación urbanística. Las piedras de sillería, que se podían haber colocado en la plaza, como salvaguarda de nuestras construcciones tradicionales se vendieron al Ayuntamiento de Salduero, y hoy lucen en el suelo de sus calles, pisadas por gente y coches.

En su momento, sí se recogieron firmas por parte de algunos vecinos, pero no sirvió de nada. No se retractaron de esta aberración; y es más,, algunos de los ediles acusaban a los opositores de este atentando contra la identidad de un pueblo, de no estar con los nuevos tiempos. La gente suavizó su posición contraria por la promesa de un polideportivo, que se iba a construir de forma inmediata. Las nuevas instalaciones no se inauguraron hasta 1993, y en ese tiempo nuevos pelotaris que prometían se dedicaron a otros deportes, y los que ya estaban consagrados tuvieron que buscar otro frontón para jugar a la pelota, y los partidos desaparecieron del programa de fiestas.