Las arauceñas Dolores Merino y Feli Benito recuerdan como es la tradición de pingar el mayo en Araúzo de Miel

Dolores Merino, Feli Benito e Isidro Ferreras (Coordinador del programa Ribera Voluntariis) en el castillo de Pinarejos. Fofo de Pedro Benito.

Durante un segundo año sin celebración de la Pingada del Mayo en la tierra de Pinares hemos querido recoger el testimonio de sus habitantes acerca de qué es y cómo se vive actualmente la Pingada del Mayo a lo largo de la Sierra. En Araúzo de Miel y su barrio de Doña Santos hemos disfrutado de la amable acogida de dos expertas en el recibimiento de visitantes: Dolores Merino y Feli Benito, voluntarias del proyecto cultural ¿Te enseño mi pueblo? “Ribera Voluntariis” del ADRI Ribera del Duero Burgalesa. (Artículo elaborado gracias a la inestimable ayuda del historiador arauceño ALFONSO BENITO RICA con fotos de PEDRO BENITO).

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Feli nos explica las singularidades con detalles interesantes del paisaje y qué representa la Pingada del Mayo para el paisanaje arauceño: "Llegar a nuestro pueblo es encontrarse en un espectacular entorno natural, un paisaje salpicado con montañas, pinares, enebrales, yacimientos paleontológicos, animales salvajes y valles surcados por los ríos Bañuelos o Aranzuelo, alimentados por innumerables arroyos.

Quisiera destacar su paisanaje; un paisanaje heredero de costumbres y protagonista de su futuro. Los antiguos asentamientos humanos muestran cómo su paisanaje desarrolló un equilibro entre naturaleza y la explotación sostenible. La conformación del actual paisaje por su paisanaje muestra en la Pingada del Mayo una tradición ancestral. Durante siglos ha sido un día simbólico al permitirse la corta dos pinos albares por cada grupo de jóvenes para cada uno de sus dos núcleos de población. La señal más llamativa era la de pingar uno de los pinos en la plaza y mantenerlo durante el mes de mayo. La posterior subasta permitía obtener unos ingresos para los jóvenes".

La evolución de los tiempos obligó a adaptar la Pingada del Mayo, según comenta Dolores: "La obligada evolución en la costumbre de la Pingada del Mayo tuvo como origen la despoblación, fruto de la emigración a las ciudades desde mediados del siglo XX. Hace ya varias décadas que el relevo lo han tomado los abuelos y padres acompañados de hijos y nietos. Familias completas se dan cita el 1 de mayo en el paraje de Pinarejos para limpiar y desbrozar la zona. El almuerzo en Pinarejos, la corta de los dos Mayos, y la comida de hermandad en la plaza culmina con la Pingada del Mayo por la tarde. Un día familiar del paisanaje arauceño en completa armonía con la naturaleza".