El fotógrafo de Canicosa, por María Sainz de Baranda

Las redes sociales nos ofrecen una ventana indiscreta a universos y personas desconocidos, o no, todo depende de la cercanía e interés.

La Mari Arte

 

Pueden ser muy divertidas, llevándonos a una distracción de nuestro mundo rápido y ajetreado. Tienen muchas ventajas, ya que nos abre a nuevas realidades. Pero, ¡ojo!, no es oro todo lo que reluce.

En tiempos tan grises como los de ahora, se agradece un poco de luz y aire fresco. Desde hace unos meses, sigo en Instagram una cuenta que nos regala un palco VIP al pasado, más o menos reciente, pero que, a todos, sin excepción, nos alegra. Para aquellos que no lo conocéis, se trata del fotógrafo de Canicosa. ¡Un grande!

Este hombre, llamado Esteban, desde que tengo memoria en mi disco duro particular, siempre ha formado parte de las fiestas, empezando con las de Quintanar de la Sierra, Palacios de la Sierra, Vilviestre del Pinar, Canicosa de la Sierra y Regumiel de la Sierra, pasando por romerías como la de la Virgen de Revenga. Si me dejo algún pueblo o localidad, mis más humildes disculpas, este es el orden de mi calendario personal de eventos que visitar y disfrutar, en mi radio de acción. Pero creo que, por lo que he visto en las fotos, el suyo también. ¡Hasta eso tenemos en común! Tampoco faltaba a las celebraciones religiosas de las comuniones y procesiones, y a otras, un poco más profanas, como la de los quintos.

Siempre con su cámara enganchada al cuello, yendo de acá para allá, haciendo kilómetros de arriba para abajo, mientras capturaba en un click a las peñas, eventos, gente con las más amplias de las sonrisas, felices por participar en las esperadas y ansiadas fiestas del pueblo, que, para todos, son las mejores del mundo, por supuesto.

En ocasiones, incluso, lo buscábamos para salir en las instantáneas, a veces como fondo ajeno de otro grupo, todo un despropósito, pero que da testimonio de las personas de la zona, de los que formábamos parte del decorado en desfiles, pasacalles y verbenas.

Y llegaba el día en el que las imágenes se revelaban y se colgaban en la plaza, con tiras y tiras de gente feliz, de miles de sonrisas. Desgraciadamente, no podíamos comprar todas, no nos daba el dinero para tanto. Había que elegir fiesta o foto. Pero alguna que otra tenemos en nuestro haber. Eran de un tamaño más grande que el normal, y suelen estar sueltas en los álbumes porque no caben.

Pasan los años, y todo parece indicar que esa moda de sacar fotos que después se revelaban, forma parte del pasado. Todos tenemos smartphones requeteinteligentes, con cámaras que reflejan nuestra realidad inmediata y que podemos compartir al momento con los demás. El papel y el álbum han dejado paso obligado al almacenamiento en la nube. Renovarse o morir.

Pero, las redes sociales pueden echar la vista atrás y rescatar tesoros. Eso ha ocurrido en Instagram y fotógrafo_de_canicosa, una cuenta abierta por su nieto. Cada día publica unas cuantas fotos que nos transportan al pasado, a una niñez ya casi olvidada y a una juventud añorada por muchos. Es una vista nostálgica de instantes fugaces que creíamos olvidados. ¡Y cómo nos hacen sonreír! Vemos de nuevo a personas que ya no están, pero que siempre nos acompañan. Compartimos esas imágenes, las comentamos, analizamos y recreamos lo que pasó ese día, en esas fiestas.

Me encantaría agradecer, desde estas humildes líneas, ese rescate tan especial y que está haciendo tanto bien. Esperamos con anhelo nuevas publicaciones para ver si conocemos a alguien o si salimos en ellas. ¡Hasta yo he tenido el honor de aparecer en una!

La felicidad, en ocasiones, no se encuentra en grandes hazañas o momentos gloriosos. Simplemente, se puede hallar en un cajón con fotos.

 

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