El mejor regalo es compartirlo

Germán Martínez Rica

 

Villaviciosa. Asturias. 21 de diciembre. Carmina, maestra jubilada, prepara con amor el desayuno para su nieto. La televisión runrunea.

 

 

 

La uno retransmite un sorteo pasado de la Lotería de la Navidad. Carmina recuerda que tiene un décimo. Lo toma entre las manos. Lo mira y sonríe. Su rostro se ilumina como las calles en Navidad. Cree haber ganado. Su alegría se desborda. Abandona su casa emocionada, a su amiga del alma le ha tocado también. Es una locura, pero su hijo le sigue el juego. Si ella es feliz así, ellos también. Y ellos, son todos, sus vecinos, sus amigos, sus alumnos…todos. Todos los que forman su pueblo, una aldea asturiana, de mar, de pescadores y obreros. Un pueblo emocionado y entregado al deseo de Carmina de celebrar con todos su suerte. Y se abraza a su peluquera de toda la vida. Y llegan los primeros brindis con sus vecinos y amigos en el bar del pueblo. Carmina sonríe a las cámaras. Dos amigos de su nieto le siguen el juego y la entrevistan. Y los pescadores le saludan por megáfono sonriendo. Y poco a poco se va formando un corrillo multitudinario que camina en armonía hasta llegar al faro escoltado por la Guardia Civil. Y allí celebran entre besos y abrazos, sonrisas compartidas, brindis al sol, camaradería, ilusión y unión. Y llega el final, maravilloso. Y Carmina sabe lo que su hijo quiere decirle, pero “a una madre hay que hacerle caso siempre”. Y me emociono. Y recuerdo aquel regalo, aquella noche de reyes. Tenía siete años. Los comics de Astérix y Obelix. Aquellos libros sagrados con dibujos e historias de invencibles galos, de gentes sencillas, de pueblo, con sus tradiciones respetuosas con la naturaleza. De guerreros invencibles celebrando siempre sus victorias, empapados de amor y unión, su pócima secreta. Y pienso de nuevo en Villaviciosa, en Carmina, en la Navidad, en mi familia, en mi pueblo… en nuestros pueblos. Y sueño con Castilla, con nuestros pueblos castellanos, con el regreso de sus gentes, de sus vecinos, de sus hijos, de sus nietos. Unidos, en armonía, envueltos en sonrisas, en abrazos, en besos, en celebraciones. Sueño con volver a escuchar el pálpito del corazón de nuestras aldeas, ahora abandonadas. Sueño, porque soñar cabe en cualquier alma y porque un sueño que sueñas solo es un sueño. Un sueño que sueñas con alguien es una realidad. (Jhon Lenon).