El Comunero de Revenga suspende la Romería del sábado 30 por la pandemia del Covid-19

Romería de Revenga en la edición de 2018.
Desde la gestión del Comunero se quiere culminar el proceso de adjudicación del servicio del bar-restaurante, interrumpido por el estado de alarma.

Los representantes municipales de los pueblos propietarios del Comunero de Revenga han decidido, en su última reunión, suspender los actos del programa de la Romería en honor de la Virgen de Revenga, programada para el sábado 30 de mayo.

Los ediles han tenido en cuenta la situación de la pandemia del coronavirus, y la gran concentración de vecinos que se reúnen en la pradera del monte comunero durante la jornada tradicional.

Los munícipes realizan gestiones para conseguir, cuando la normativa lo permita, la apertura  del bar-restaurante de la Casa del Comunero, cuyo proceso de adjudicación se ha visto interrumpido por el estado de alarma decretado por el Gobierno ante la pandemia del Covid-19.

La conocida como 'Romería de Revenga' llega el último sábado de mayo, y buena parte de la gente de la comarca se reúne en la pradera. Ya los días anteriores, la pradera empieza a tener más movimiento. Los de las atracciones y los puestos de venta van preparando el terreno. Grupos de jóvenes de la zona preparan los chiringuitos para dar el servicio de bebidas, a lo que se suman los negocios de la hostelería.

El  bullicio arranca ya antes del saludo de los pueblos propietarios del monte Comunero. Engalanados como merece un día grande, los representantes locales acuden a las doce al tradicional saludo de las cruces y pendones de cada uno de los tres pueblos: Canicosa, Quintanar y Regumiel de la Sierra, en la carretera, junto a la pradera.

En la procesión, mujeres vestidas con el traje tradicional llevan la imagen de la Virgen por parte de la Campa, seguidas de la Banda de Música de Quintanar de la Sierra. De vuelta a la ermita, se celebra la eucaristía, con participación de los párrocos de la zona. La imagen de la Virgen vive este día rodeada de flores. Y son muchos los que se acercan hasta la ermita para pedir, agradecer, recordar…

De nuevo en la pradera, la Banda de Quintanar de la Sierra brinda un concierto a los presentes, y, posteriormente, es el turno de las danzas. Las tradicionales, con el grupo de Quintanar, y con las más pequeñas embelesando con sus bailes a las madres, familiares y vecinos de la zona.

El vermú se disfruta en los puestos de la pradera. Tras la comida, en el paraje, con muchos rincones ya elegidos año tras año, se  juega a las cartas, se aprovecha para echar la siesta entre los pinos, o se acude al Rosario, a partir de las seis de la tarde. Vecinos de toda la comarca llegan a los puestos y se saludan, charlan, beben y disfrutan hasta que se echa la noche. Antes, a las ocho, se hace la tradicional despedida de los tres pueblos.