Como sucede en muchas otras celebraciones, durante los mayos las localidades con menor población se ven obligadas a trasladar la fecha hasta el fin de semana más próximo. También a reducir el tamaño de los árboles y todo ello persiguiendo el mantenimiento de la tradición. Por lo tanto, será el sábado 2 de mayo el día que tengan lugar la mayor parte des localidades sorianas.
Es el caso de Vadillo, pueblo en el que a las nueve de la mañana del día 2 comienzan los preparativos con una reunión de mozos para acudir juntos al monte y elegir el pino más adecuado.
Éste se talará y se lleva hasta el pueblo. Una vez situados a la entrada de Vadillo, en torno a las 12 del mediodía, entre todos los mozos levantan el árbol ayudados de horquillas y cuerdas, quedando allí colocado. Una pingada manual que se recuperó en años anteriores gracias al apoyo de los vecinos y jóvenes. Todo ello después de ediciones anteriores en las que el mayo se levantaba con maquinaria pesada o incluso se llegó a perder.
Así vemos cómo esta tradición de la pingada ha ganado adeptos en Vadillo, en parte por la jornada de convivencia que continúa tras la subida del árbol ya que posteriormente acaba esta celebración con una comida popular en el frontón de la localidad que suele prolongarse hasta bien entrada la tarde.
En el caso de la vecina localidad de Talveila, esta tradición se realizará por la tarde. Y pese a no ser la más espectacular de todas las pingadas quizá sí sea la más meritoria porque con tan sólo ocho decenas de habitantes censados continúan la tradición de manera manual de pingar el mayo. Además de seleccionar y traer el pino hasta el pueblo durante la mañana.
