Stop a la despoblación

Son duros los inviernos en nuestra comarca. Estamos acostumbrados a las sombras espesas de las nubes agarradas a las crestas de las montañas mientras el aire nos golpea como cuchillas afiladas. El sol turbio y desecho tiñe de un rojo desteñido un paisaje sublime y solitario. Un espeso silencio sostiene el firmamento y las chimeneas de las casas elevan sus humos deshilachados hasta enhebrar las estrellas. Todo esto lo sabemos.

Son duros los inviernos en nuestra comarca. Estamos acostumbrados a las sombras espesas de las nubes agarradas a las crestas de las montañas mientras el aire nos golpea como cuchillas afiladas. El sol turbio y desecho tiñe de un rojo desteñido un paisaje sublime y solitario. Un espeso silencio sostiene el firmamento y las chimeneas de las casas elevan sus humos deshilachados hasta enhebrar las estrellas. Todo esto lo sabemos. También lo saben los promotores de las grandes estaciones invernales del Pirineo o de Vancúver, en Alaska, adonde se nos fue a disfrutar la buena vida el presunto mangante y tesorero de lo ajeno don Luis Bárcenas,

            Sabemos también que en los despachos de la ciudad los políticos leguleyos con sus papeles no poseen la sensibilidad suficiente para entender la idiosincrasia de los habitantes de nuestra tierra ni para apoyar cualquier propuesta de actividad productiva. En las zonas rurales de población menguada las órdenes de magnitud en cuanto al equilibrio y conservación dela Naturaleza: deterioro en la orografía, recesos de acuíferos, contaminación ambiental… son asuntos de ínfima consistencia respecto al deterioro paisajístico o climático de las grandes ciudades. Vamos, nada qué ver. Las propuestas de defensa del patrimonio pasan por analizar “in situ” los puntos fundamentales para la instauración de infraestructuras de desarrollo y dinamización de la comarca.  Se me ocurre pensar, como ejemplo, en una propuesta de ski de fondo nórdico en los alrededores dela Laguna Negrade Neila. A ver qué hacemos con los enormes pedruscos instalados no hace tantos años en el camino que circunda las lagunas. Ni ahora sería posible sacar en parihuelas a un desventurado que se rompa una pierna.

            Hace falta poseer dotes imaginativas para activar la comarca de Pinares y evitar su despoblación. Hay materia prima: una bóveda celeste cubre un paisaje de ensueño. Eso si, sin falsos meteoritos que agujereen cualquier propuesta de desarrollo, llámense ecologistas talibanes o pleiteadores tenaces.

            ¿Qué nos traerá la reciente Reforma dela Administración Local? ¡Aaah!.

 

 

                Guadalupe Fdez De La Cuesta.  Febrero 2013