Después del 15M: los pactos y el cumplimiento de las promesas

El 16 de marzo comienza una nueva etapa en el Gobierno de Castilla y León. Los partidos políticos que han concurrido a las elecciones autonómicas han desplegado durante la campaña un conjunto de mensajes para trasladar a la ciudadanía, en forma de promesas o compromisos, ratificando parte de lo ya expresado en meses de atrás o vinculando sus intervenciones a decisiones de futuro.

 

Ahora llega el momento de cumplir, cada uno con el papel que se le ha otorgado a través de los votos de los censados en la Comunidad. Los que pueden ostentar el Gobierno deberán de ejecutar las medidas a las que se han ido comprometiendo en este tiempo y, quienes no han llegado a tener responsabilidad en la Junta velarán por el cumplimiento que hagan los otros tanto de lo que llevaban en los programas de turno, y solicitarán que se acerquen más a las medidas que ellos ven fundamentales.

En esta campaña se ha hablado mucho de vivienda y de sanidad. Unos y otros candidatos se han echado a la cara la escasa defensa que se hace de los servicios públicos, unos ya que la pregonan y no la ejecutan, y otros que la amenazan a través de las privatizaciones. También se ha debatido sobre la necesidad o no de los inmigrantes en esta tierra. Casi todos han coincidido en que los jóvenes tienen que emigrar de esta Comunidad por las escasas expectativas de empleo, la escasez de servicios en muchas poblaciones y la imposibilidad de formar una familia.

Este nuevo Gobierno, cuya formación no conoceremos hasta muchos días después de la votación en las urnas, deberá coser las diferencias que se han aireado durante la campaña y, si actúa conforme a lo que quieren los ciudadanos, dialogar y llegar a acuerdos con aquellas formaciones políticas que no formen parte del organigrama gubernamental.

La novedosa composición de la Junta deberá hacer lo posible por plasmar en las decisiones que se adopten desde el órgano regional, los consejos, sugerencias y aportaciones de quienes se les han acercado en mítines, reuniones o paseos de los candidatos y sus compañeros por calles y pueblos visitados durante la campaña electoral. Con ello demostrarán que una campaña sirve para algo más que el paseo de los futuros procuradores por los rincones de Castilla y León.

Temo que la actualidad de estas próximas jornadas que arrancan desde el kilómetro 0 de legislatura, se mueva más por la política de pactos, por lo que uno u otro partido exige y por lo que no están dispuestos a ceder. Sospecho que, en la mayoría de los casos, prevalecerá más la obsesión por hacerse con una presidencia o consejería que por analizar puntos comunes de un programa que, al ejecutar cualquier acción de gobierno, sería de indispensable cumplimiento para todos los gobernantes, y por lo tanto básico y necesario en cualquier diálogo para un entendimiento.

Imagino que dentro de cuatro años volverán a los pueblos con parecidos mensajes, promesas similares y compromisos poco creíbles. Y volverá a iniciarse una nueva etapa en el Gobierno de Castilla y León.