La 'Suerte de Pinos' necesita de una urgente revisión en aras a la recuperación de su objetivo fundamental

Es sabido en la comarca pinariega que la denominada ‘Suerte de Pinos’ es uno de los legados heredados de nuestros antepasados que pasado de ser un impulso para la repoblación y permanencia en estas tierras a un problema tridimensional.

 

El reciente manifiesto por la ‘Suerte de Pinos’, impulsado desde la Asociación de Carreteros, y apoyado desde distintos organismos y vecinos del territorio comarcal de Burgos y Soria, viene a lanzar un grito de socorro ante el peligro a que este privilegio acabe triturado por instituciones y vecinos.

Nos falta una unión, una proyección comarcal. Hoy, parte de las Sociedades Vecinales de Madera atraviesan por numerosos problemas. La excesiva presión fiscal sobre el ingreso por los aprovechamientos de madera está lastrando las posibilidades de futuro de unas organizaciones que están funcionando,- en varios casos-, de forma alternativa a los ayuntamientos de los municipios en los que operan.

Uno de los casos más sangrantes estuvo en la Asociación de Navaleno en la que, por no transferir al Ayuntamiento las competencias en la gestión, se ha visto obligada a pagar un abusivo impuesto de sociedades al erario público, - del dinero de los beneficiarios-, por un cabezonería injustificable, cuando el resto de las Sociedades fueron más vivas y ágiles y trasladaron el papel al Consistorio.

Cierto es que el valor de la madera se ha visto mermado en estas últimas décadas. Aquí sí podemos aplicar aquello de que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, y recordar con nostalgia la época en la que con la ‘Suerte de Pinos’ se obtenían ingresos suficientes para apuntalar la economía familiar. Cuántos jóvenes de la zona han podido estudiar en Universidades y centros educativos,- en ciudades fuera de la comarca-,  gracias a ese ingreso extra y fundamental para estos proyectos.

Y por si hubiera pocos problemas, ahí está el papel de la Junta de Castilla y León, que, en su papel de gestor de las masas forestales, parece recelar de las decisiones que se adoptan en ayuntamientos y sociedades. Es de destacar su gran aportación a la gestión de los montes; sin embargo, la falta de coordinación con estas sociedades, la excesiva burocracia, y la rigidez en algunos temas les hace no responder a las necesidades actuales.

Mal de males. La ‘Suerte de Pinos’ se rige por unas ordenanzas locales obsoletas, discriminatorias y de una dudosa legalidad. Haría falta una renovación total de sus principios y una coordinación comarcal en aras a adoptar decisiones más consensuadas y eficaces.

En definitiva, se está resquebrajando uno de los ejes fundamentales de los montes de utilidad pública, con un derecho adquirido a lo largo de los siglos para beneficio de las poblaciones locales. Debemos trabajar todos al unísono, olvidar las diferencias locales y plantear unos objetivos que se puedan cumplir. De lo contrario, nos estaremos cargando uno de los pocos puntos de unión con el monte que nos rodea. Si nos alejamos demasiado, ese cordón se cortará y avanzaremos al ritmo de nuestra suerte.