Los vecinos estamos cada vez más ausentes de las decisiones sobre los montes
16 de mayo de 2026 (12:26 h.)
Lo ocurrido en Navaleno en estas últimas semanas es un síntoma de la pérdida progresiva del papel que los propietarios de los montes tienen en el presente y futuro de las masas forestales.
Desde hace décadas, la gestión de los montes que hoy disfrutamos está en manos de la Junta de Castilla y León. Hay un Plan de Ordenación vigente para estos montes de utilidad pública que se debería de seguir al pie de la letra para avanzar en una gestión sostenible y adecuada de la masa forestal.
Dentro de este Plan, los propietarios reciben la propuesta de corta y alegan, corrigen, añaden o retocan en función de las necesidades, preferencias o singularidades de cada momento. Era esta una función que correspondía a las Sociedades vecinales de madera, y que transmitían sus decisiones a los ayuntamientos para que desde la entidad local las confirmaran.
Este sistema que durante años ha tenido un funcionamiento normalizado se ha visto alterado por la progresiva pérdida de población, la disminución del valor económico de la madera y el excesivo gravamen a los aprovechamientos forestales que tuvo su catarsis con el impuesto de Sociedades, por el que las Sociedades Vecinales descansaron gran parte de la gestión en los ayuntamientos para evitar este pago excesivo a la Hacienda pública.
El papel de los ayuntamientos ha ido tomando más protagonismo hasta el punto de que, como ha ocurrido ahora en Navaleno, ni siquiera se comunica a la Sociedad Vecinal la propuesta una extensa corta en el denominado anillo verde con un gran impacto visual, que no venía reflejado en ese plan de corta anual, y que se ha de rebuscar para su justificación, calculando porcentajes y metros cúbicos de madera, en más de una década atrás, en un plan de ordenación a doce años vista.
El resultado es asombroso. Sin los vecinos, sin la Sociedad de maderas, sin los grupos municipales del Consistorio, se han señalado un elevado número de pinos para su corta por parte de una Administración gestora que incluye una clausula contra la que, en teoría, nadie se puede oponer como es la prevención ante el creciente peligro de incendios, poniéndonos ante los ojos las consecuencias de los fuegos de grandes dimensiones ocurridos el pasado año en determinadas comarcas de Castilla y León, y que obligaron al desalojo de algunas poblaciones.
Y pensamos: ¿No es mejor hacer una limpieza del monte, no dejar la madera muerta, y retirar sólo los pinos secos y enfermos?. Y luego cavilando uno se encuentra con que claro, es más fácil, adjudicar la corta, que venga una empresa, meta las máquinas, corte, pague y se vaya, y así no contratamos cuadrillas, no damos empleo, no invertimos en la regeneración…cogemos el dinero, y a otra cosa. El problema es que gran parte de los ingresos de aprovechamientos de los montes en la actualidad se destinan para pagar gastos corrientes de los ayuntamientos, y esto no debería de ser así, y de esta orientación de fondos no se libran muchos secretarios-interventores que tendrían que asesorar, y no manipular, al alcalde de turno que así no, que para esta financiación hay otras vías, y no es necesario esquilmar los montes.
En definitiva, que si esto persiste y se hace más contagioso, nos quedamos sin pinos, sin recursos y, encima, sin fondos. Un negocio redondo.
Dentro de este Plan, los propietarios reciben la propuesta de corta y alegan, corrigen, añaden o retocan en función de las necesidades, preferencias o singularidades de cada momento. Era esta una función que correspondía a las Sociedades vecinales de madera, y que transmitían sus decisiones a los ayuntamientos para que desde la entidad local las confirmaran.
Este sistema que durante años ha tenido un funcionamiento normalizado se ha visto alterado por la progresiva pérdida de población, la disminución del valor económico de la madera y el excesivo gravamen a los aprovechamientos forestales que tuvo su catarsis con el impuesto de Sociedades, por el que las Sociedades Vecinales descansaron gran parte de la gestión en los ayuntamientos para evitar este pago excesivo a la Hacienda pública.
El papel de los ayuntamientos ha ido tomando más protagonismo hasta el punto de que, como ha ocurrido ahora en Navaleno, ni siquiera se comunica a la Sociedad Vecinal la propuesta una extensa corta en el denominado anillo verde con un gran impacto visual, que no venía reflejado en ese plan de corta anual, y que se ha de rebuscar para su justificación, calculando porcentajes y metros cúbicos de madera, en más de una década atrás, en un plan de ordenación a doce años vista.
El resultado es asombroso. Sin los vecinos, sin la Sociedad de maderas, sin los grupos municipales del Consistorio, se han señalado un elevado número de pinos para su corta por parte de una Administración gestora que incluye una clausula contra la que, en teoría, nadie se puede oponer como es la prevención ante el creciente peligro de incendios, poniéndonos ante los ojos las consecuencias de los fuegos de grandes dimensiones ocurridos el pasado año en determinadas comarcas de Castilla y León, y que obligaron al desalojo de algunas poblaciones.
Y pensamos: ¿No es mejor hacer una limpieza del monte, no dejar la madera muerta, y retirar sólo los pinos secos y enfermos?. Y luego cavilando uno se encuentra con que claro, es más fácil, adjudicar la corta, que venga una empresa, meta las máquinas, corte, pague y se vaya, y así no contratamos cuadrillas, no damos empleo, no invertimos en la regeneración…cogemos el dinero, y a otra cosa. El problema es que gran parte de los ingresos de aprovechamientos de los montes en la actualidad se destinan para pagar gastos corrientes de los ayuntamientos, y esto no debería de ser así, y de esta orientación de fondos no se libran muchos secretarios-interventores que tendrían que asesorar, y no manipular, al alcalde de turno que así no, que para esta financiación hay otras vías, y no es necesario esquilmar los montes.
En definitiva, que si esto persiste y se hace más contagioso, nos quedamos sin pinos, sin recursos y, encima, sin fondos. Un negocio redondo.