Uno de los momentos más importantes -y delicados- para cada estudiante al acabar el curso escolar es el de dar a conocer sus notas finales. Para quienes aprenden a tocar un instrumento en cualquiera de las cuatro escuelas musicales de nuestra comarca, este trámite es mucho más divertido. En su caso, esas notas finales no se escriben con números ni se tienen que justificar sino que se interpretan a través de los instrumentos sintiéndose como algo propio, como un esfuerzo recompensado después de un año de trabajo y ensayo.
Con estos últimos instantes de música se cerró el curso académico musical el pasado miércoles 17 para los alumnos matriculados en Navaleno. Esta semana ha llegado el turno de las escuelas de música de Palacios, el viernes 19; de Quintanar, el lunes 22 y de Salas de los Infantes, este martes 23. Sobre estos cuatro escenarios han actuado más de un centenar de alumnos que llenan las aulas y cabinas de estos centros de enseñanza musical desde septiembre hasta junio.
Tras estos conciertos finales que forman parte esencial del aprendizaje en los que el público está repleto de familiares y vecinos, ahora las escuelas comienzan a preparar el nuevo curso y repasar lo que ha supuesto el ya finalizado.
En rasgos generales Pablo Abad, coordinador de las cuatro escuelas, valora como positivo este año en el que ha continuado el crecimiento. “Después de la pandemia está creciendo la demanda”, explica convencido de que la gente recupera el gusto y la afición por la música.
Este curso se ha contado con una veintena de alumnos en Navaleno, unos 30 en Palacios, casi 40 en Quintanar y más de medio centenar en Salas de los Infantes. Como desde hace décadas, las edades son de lo más variopintas. "No hay límite" explica Pablo, que ha recibido niños desde los tres años -en una etapa de iniciación- hasta personas que ya están jubiladas.
INSTRUMENTOS PARA BANDA
También encontramos variedad en las especialidades o instrumentos cursados. Los más llamativos pueden ser el bajo o la guitarra eléctrica, aunque los más cursados suelen ser los de viento y percusión. Y es que en el mundo rural las bandas tiene un papel esencial en la vida cultural. Para que salgan adelante algunas como 'Alfoz de Lara' o 'Clave de Sol' se necesita cantera. Por ello el coordinador de estas escuelas, Pablo Abad asegura que “se está potenciando el viento (trompeta, flauta, saxo, etc) porque son instrumentos que hacen falta para las bandas”.
Sin embargo, hay otras especialidades que no pasan de moda: el violín, el piano o la guitarra siguen siendo de los más demandados. Eso sí, en la actualidad las escuelas tienen la espinita con la dulzaina que nadie ha cursado este año pese a que antes tuvo adeptos en Navaleno, Casarejos o San Leonardo.
Y es que cada zona tiene sus particularidades. En la escuela de Salas de Los Infantes, una de las especialidades con más matrículas es el canto. Y es que una década con musicales de alto nivel gracias a Ademus motiva a que la gente del entorno quiera aprender a controlar sus cuerdas vocales. Eso mismo ha favorecido la formación de agrupaciones corales polifónicas en Salas y Palacios. Además, en este pasado curso, la novedad llega desde los ritmos americanos, con una agrupación de combo jazz (saxo, batería, voz) que se ha estrenado en la ciudad milenaria.
COLABORACIÓN
La coexistencia de estas cuatro escuelas de música en Salas, Quintanar, Navaleno y Palacios propicia una colaboración entre amabas y una constante unión entre pueblos de la comarca, como se ha podido ver en los conciertos de fin de curso. Cada una con su idiosincrasia saca a reflotar tradiciones como el canto o las rondas en una comarca "muy musical". Esperemos que así lo siga siendo, gracias al trabajo fundamental de profesores foráneos como Raúl Contreras, Rosana Abad, Epifanio o el propio Pablo.
Con el cierre del curso ya comienza el periodo de inscripciones para el siguiente a través del Ayuntamiento en Salas y Palacios de la Sierra. En Quintanar se encarga la asociación 'Calve de Sol' y en Navaleno se realiza a través del AMPA.
