sábado. 23.05.2026

Clunia: La breve capital del mundo, por Javier Plaza

Entre los numerosos tesoros que tenemos en nuestro patrimonio destaca sin duda la ciudad romana de Clunia. Un municipio reorganizado y desarrollado por Roma en el siglo I a.C. para controlar y gobernar a los derrotados arévacos, una belicosa tribu celtíbera que había puesto en serios aprietos a las legiones.

 

Teatro de Clunia
Teatro de Clunia

Clunia fue una ciudad muy próspera, que conoció su mayor esplendor en los siglos I y II d.C., llegando a albergar, según algunos autores, nada menos que a 30.000 habitantes. Una cifra excepcional considerando la escasa población que tenía el norte peninsular en esa época.

Todo aquello ya pasó, claro. La ciudad, ya en decadencia desde el siglo III, acabó desapareciendo en el siglo X cuando los castellanos reconquistaron la zona a los musulmanes, y desplazaron a la escasa población que quedaba allí a la vecina Coruña del Conde. Ahora, cuando uno pasea por Clunia, todo lo que se escucha es el silencio. Cuesta imaginarse todo lo que llegó a ser aquel lugar. Una ciudad que ha pasado a la historia no solo por ser un gran municipio del imperio, sino también por haber sido nada menos que su capital durante unos días.

Sí, efectivamente, ha leído usted bien. Clunia llegó a ser algo parecido a la capital imperial durante un breve espacio de tiempo, y lo decimos sin ánimo de exagerar. En Coruña del Conde, descendientes de aquellos romanos de Clunia, tienen motivos para sacar pecho.

Emperador Galba
El Emperador Galba

Y todo esto, ¿cómo pudo pasar? Para entenderlo debemos remontarnos al siglo I d.C., cuando en Roma gobernaba el célebre Nerón. En aquella época la situación política del imperio estaba muy revuelta. Nerón era un personaje peculiar, que dirigía el imperio de una forma poco ortodoxa, gastando mucho dinero en arte y espectáculos para el pueblo y despreciando a las familias más ricas. Los senadores tradicionales, preocupados por la deriva del emperador, comenzaron a articular su oposición para derrocarle. Nerón, claro está, hizo todo lo posible para librarse de ellos, y poco a poco el ambiente comenzó a enrarecerse entre partidarios y detractores del emperador.

En ese contexto tenemos al protagonista de nuestra historia: Servio Sulpicio Galba. Un general exitoso que había gozado de la confianza del emperador Claudio, antecesor de Nerón. El hecho de haber formado parte del círculo más cercano de Claudio le convertía en un estorbo para el nuevo emperador, que sospechaba que estaba implicado en esa oposición que amenazaba con derrocarlo. Así que Nerón decidió quitarse a Galba de en medio, y le mandó a la lejana Hispania Tarraconense como gobernador. Galba entendió el mensaje, y vino a nuestra península con la intención de no dar ningún motivo de sospecha a Nerón. Los años que pasó aquí fueron absolutamente anodinos y tranquilos. En Roma, las disputas políticas habían dado paso a la violencia, y él no quería problemas.

Pero en esto llegamos al año 68. Nerón, completamente desatado, comenzó con ejecuciones y detenciones contra senadores sospechosos de querer derrocarle, mientras que gastaba todo el dinero del tesoro imperial en lujos y extravagancias. Los senadores reaccionaron, y comenzó a haber levantamientos, como el del gobernador de la Galia Lugdunense, Vindex, que escribió a Galba para proponerle rebelarse los dos juntos contra Nerón. Galba, siempre muy prudente, se mantuvo en silencio.

Pero poco después Galba se enteró de que Nerón, que ya no discernía entre amigos y enemigos, había ordenado su asesinato. Es entonces cuando decidió dar el paso para alzarse abiertamente contra el emperador, reclutando tropas en Hispania para enfrentarse a Nerón.

La guerra civil, sin embargo, no le fue bien. Sus aliados no acabaron de ayudarle, y algunas tropas se pasaron al bando de Nerón. Viéndose solo y en inferioridad de fuerzas, decidió recluirse en la ciudad de Clunia. Nuestra Clunia. Dispuesto a resistir hasta el final.

Pero mientras Galba preparaba lo que él pensaba que serían sus últimos días, los acontecimientos en Roma se precipitaron. Nerón perdió el apoyo de las provincias occidentales del imperio, y finalmente los pretorianos, su guardia personal, le negaron su protección. En ese contexto, el senado dio el paso definitivo: declaró a Nerón enemigo de la patria, y los senadores proclamaron emperador a Galba. Nerón huyó a una villa de uno de sus amigos y se suicidó, y unas semanas después la noticia le llega a Galba a Clunia. El nuevo emperador no se lo podía creer.

Allí, en Clunia, recibió la dignidad de emperador por primera vez, y desde Clunia se emitieron sus primeras órdenes, que buscaban consolidar su poder y la lealtad de las legiones destacadas en las fronteras. Aquellos que no aceptaron a Galba sufrieron una dura represión. No estaba el imperio como para perder tiempo con consensos: o conmigo o contra mí. En poco tiempo Galba había conseguido la fidelidad de todos, por las buenas o por las malas. Clunia fue su centro de poder hasta que las aguas comenzaron a calmarse. En ese momento pudo abandonar la seguridad de su ciudad y dirigirse a Roma. En Clunia quedó el recuerdo de todo aquello, y la ciudad pasó a llamarse “Colonia Clunia Sulpicia” en recuerdo de aquel nombramiento, y del hecho de que, durante unos días, fue el lugar donde se tomaron las decisiones del imperio más poderoso del mundo.

Lo cierto es que las cosas no acabaron bien para Galba. En Roma se ganó muy pronto fama de ser severo, cruel y tacaño, y tanto el pueblo como las legiones se volvieron en su contra. Acabaría asesinado a los pocos meses de llegar al gobierno. No cabe duda de que no tendría que haber salido nunca de Burgos.

Clunia: La breve capital del mundo, por Javier Plaza