En Navaleno estamos asistiendo a una situación que merece una profunda reflexión. Más de dos mil firmas recogidas, un rechazo social ampliamente mayoritario, vecinos, propietarios, veraneantes y amantes del pueblo expresando de forma clara y reiterada su preocupación por las talas previstas en el denominado "anillo verde". Sin embargo, pese a la magnitud de esa respuesta ciudadana, quienes impulsan el proyecto parecen decididos a continuar como si nada hubiera ocurrido.
Llegados a este punto, la cuestión ya no es únicamente forestal o medioambiental. Es también una cuestión democrática y de sentido común.
Porque cuando una actuación pública genera una contestación tan amplia, tan transversal y tan persistente, lo razonable no es acelerar los trabajos ni atrincherarse en posiciones inamovibles. Lo razonable es detenerse, escuchar, explicar, dialogar y, si procede, rectificar.
Rectificar no es rendirse. Rectificar es gobernar con inteligencia.
Lo preocupante es que la persistencia en una decisión cuestionada por una gran mayoría de la población puede acabar convirtiéndose en algo muy distinto: en una forma de contumacia. Es decir, en la voluntad de mantener una actuación no porque siga siendo la mejor opción, sino porque reconocer la necesidad de revisarla supondría admitir que existían alternativas o que las preocupaciones ciudadanas estaban justificadas.
La historia demuestra que muchos errores no nacen de una mala decisión inicial. Nacen de la negativa a reconsiderarla cuando aparecen datos, argumentos o reacciones sociales que aconsejan hacerlo. El orgullo nunca ha sido un buen consejero en la gestión de los asuntos públicos.
Nadie discute la necesidad de prevenir incendios ni de gestionar adecuadamente el monte. Los vecinos de Navaleno han convivido durante generaciones con el pinar y conocen mejor que nadie el valor de su conservación. Precisamente por eso reclaman una gestión responsable, proporcionada y consensuada; una gestión que compatibilice la seguridad con la protección del paisaje, la biodiversidad y la identidad del pueblo.
Lo que está en juego no son únicamente unos árboles. Está en juego una forma de entender Navaleno. Está en juego el paisaje que ha acompañado a generaciones enteras, la imagen que recibe quien llega al pueblo, el patrimonio natural heredado de quienes lo cuidaron antes y la responsabilidad de transmitirlo a quienes vendrán después.
Cuando miles de personas piden transparencia, información y participación, la respuesta no debería ser la indiferencia. Cuando una mayoría social reclama prudencia, la respuesta no debería ser la aceleración de los trabajos. Y cuando una comunidad siente que no está siendo escuchada, la obligación de quienes gobiernan es abrir espacios de diálogo, no cerrarlos.
Todavía se está a tiempo de evitar que este conflicto deje heridas innecesarias. Todavía se está a tiempo de demostrar que las instituciones están al servicio de la ciudadanía y no al revés. Todavía se está a tiempo de sustituir la imposición por el consenso.
Porque la verdadera autoridad no consiste en perseverar en una decisión por orgullo. La verdadera autoridad consiste en tener la honestidad y la valentía de reconocer que ninguna actuación pública puede darse por buena cuando se realiza de espaldas a la gente a la que afecta.
Navaleno merece ser escuchado. Su monte merece ser respetado. Y el futuro de su "anillo verde" merece decidirse con la participación de quienes han hecho de ese pinar mucho más que un bosque: su hogar, su paisaje y su identidad.
Persistir en una decisión cuestionada por miles de personas no demuestra firmeza; puede acabar demostrando incapacidad para escuchar.
Los árboles tardan décadas en crecer. La confianza de un pueblo, también. Por eso ninguna tala debería ejecutarse a costa de perder aquello que más cuesta recuperar: el consenso y el respeto de los vecinos y amigos de Navaleno.
Escuchar nunca debería considerarse una concesión, una claudicación, sino una obligación de la Corporación municipal a aquellos a quienes representa.
¡Errare humanun est, perseverare autem diabolicum!
(*) “Equivocarse es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico”
AITO (Eduardo Dolado Esteban)
