domingo. 14.07.2024

Una leyenda del gran Alvar Fáñez, uno de los mejores guerreros medievales y el gran lugarteniente del CID

De don Rodrigo Díaz de Vivar se han escrito decenas de libros, cientos de estudios y miles y miles de artículos a lo largo de la historia. Estamos sin duda alguna ante uno de los mejores estrategas militares de todos los tiempos y también ante el héroe medieval más importante que dio en toda su historia el Reino de Castilla. Sin embargo, mucho menos sabemos de el gran Álvar Fáñez, nacido seguramente en tierras palentinas y que muchos historiadores creen que fue el sobrino del Cid. Sus gestas militares y guerreras se sitúan a la altura de las del gran Rodrigo Díaz de Vivar con el que cabalgó y batalló en un gran número de contiendas contra los árabes. Se sabe también que Álvar Fáñez fue un gran capitán que comandó los ejércitos de Alfonso VI llevándolos casi siempre hasta la victoria. Por eso, porque tal vez la historia no le trató del modo en que merecía, quería dejar aquí una leyenda recogida por el Consorcio que se ocupa de dar a conocer y promocionar el Camino del Cid y que se sitúa en la provincia de Guadalajara. La tradición oral en este caso cuenta con detalle el plan que preparó a conciencia el gran estratega militar Alvar Fáñez para conquistar la ciudad de Wad-al-Hayara (Guadalajara). Uno de los cristianos que previamente se disfrazó de bereber pudo colarse a hurtadillas sin ser visto dentro de la ciudad durante una noche de San Juán del año 1085. Una vez allí de forma magistral abrió las puertas para que así pudiera entrar el gran capitán Álvar Fáñez con su gran ejército. Antes ya habían puesto las herraduras de sus corceles al revés para que así al andar los caballos dejaran las huellas sobre la arena en sentido contrario al que habían llevado. Así, a la mañana siguiente, los árabes pensaron que aquellas huellas eran de otros paisanos que habían salido de madrugada para trabajar en las tareas del campo. Aprovechando la confusión, los hombres de Álvar Fáñez consiguieron salir de sus escondrijos y con mucha astucia en muy poco tiempo pudieron apoderarse de la ciudad. La entrada a la misma la hicieron escondidos entre las sombras de una noche que les era propicia para el plan por la puerta que vigilaba el torreón del Cristo de la Feria al que con el tiempo se le llamaría de Alvar Fáñez. En la actualidad el caballero y los guerreros que están representados en el escudo de armas de Guadalajara se identifican tradicionalmente con el gran estratega militar Alvar Fáñez y con todos los magníficos soldados que formaban parte de la élite de sus tropas.

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