El pinar es para mí es el hilo invisible que me une a la esencia de la vida. Entre los pinos se encuentra uno muy alto, elegido por los conocedores del pinar, dispuesto a su tala para cumplir con la tradicional historia de la “Pingada del Mayo”. Es el mejor exponente para la unión de jóvenes y menos jóvenes que van a su encuentro y ejercen la ceremonia de su talado con todos sus ingredientes ancestrales. Es un ejercicio de exaltación a la Naturaleza en su exuberante verde primaveral. Tengo entendido que la “Pingada del Mayo” tiene sus orígenes en los Celtas Escoceses que celebraban el fin del invierno en la entrada del mes de mayo por ser el mes primaveral con mayor fertilidad en el campo. Se erguía un árbol como símbolo de la vida y para atraer al buen tiempo. Este ritual de la fertilidad está profundamente arraigado en nuestra Tierra de Pinares. Este culmen de la “Pingada de Mayo” lo ha vivido la juventud de una manera especial. Ellos han estado junto al pino elegido viendo cómo se hace su tala histórica con todos sus ingredientes: Primero marcando con el hacha un vacío de leña en su base para orientar su caída; luego el uso del tronzador para su derribo. Y si el pino se encarama, ahí están las sogas para orientarlo al lugar de su caída. Resulta emocionante ver a tanta gente en los trabajos del desrame y su traslado a la carretera. Tras situarlo tras un medio motorizado para su traslado al pueblo se hace la procesión emblemática hasta el lugar donde se va a “pingar” el pino alto y recto. En esta tarea se unen el esfuerzo y valentía de todos los profesionales del buen hacer y la cohesión social entre la gente joven y mayores. La celebración se hace con una comida en la plaza. Los cocineros y jóvenes camareros hacen su trabajo con mucha audacia ante la profusión de mesas ocupadas por vecinos, amigos y amantes de la fiesta “La Pingada del Mayo”.
Hago una mención especial a mi pueblo de Neila por haber recibido en este día al coro de panderetas “La Gavilla de Burgos” que bordaron cantares y ritmos de percusión arraigados en toda la provincia. Y sus acordes acompañaron un trecho del paseo del pino. Fui citada para ir al concierto de la Coral en la Casa del Parque. Y para mi sorpresa, se había preparado un “homenaje” a las pandereteras, entre las que me encuentro, al heredar canciones históricas de mi madre y bailes de “Las Mayas”. Ese sonido panderetero lo hemos vivido en familia con énfasis. Era mi madre una de las mujeres dispuestas a tocar buenas jotas y otros bailes para animar las fiestas o cualquier otro evento del pueblo. En casa se hacían rondas de pandereta por cualquier disculpa festiva o de aprendizaje. Yo soy una heredera. Y persistirá en las siguientes generaciones. Escribo en primera persona porque este homenaje se ha publicado en Tu voz en Pinares. Un abrazo fuerte y emocionado al coro “La Gavilla de Burgos”. Al son de la pandereta.
Guadalupe Fernández de la Cuesta.
