martes. 05.03.2024
Desde los cimientos se está creando 'Cocina por el cambio', donde se formará cada año a 15 mujeres para ofrecerles un futuro mejor

El pinariego que lucha por conseguir un futuro para el Sahara a través de la cocina

Ladrillo a ladrillo va creciendo no sólo el edificio donde se ubicará una escuela de cocina, también va prosperando un proyecto que cuenta con manos y corazón procedentes de la comarca de Pinares con la participación de un durolense y quintanaro que, junto a un equipo de personas que le acompañan en esta aventura, han conseguido que nazca la esperanza y se haya abierto una importante puerta para afianzar el futuro de muchas de las mujeres que viven en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, en la Wilaya de Auserd, Daira de Birganduz.
Erik, arriba segundo por la izquierda.
Erik, arriba segundo por la izquierda.

Es que es allí, a miles de kilómetros de esta comarca pinariega, donde Erik de Pedro, de 30 años, está poniendo en marcha el proyecto que lleva por título ‘Cocina por el Cambio’  donde se formarán  en cocina a mujeres, consiguiendo además puestos de trabajo para que dispongan de un salario íntegro para ellas.

Este reto surgió hace bastante tiempo, antes de la pandemia de la mano del amigo de Erik de Pedro, Banani, que es de origen saharaui. Él, junto a su pareja Sonia, y Erik comenzaron a fraguar en sus mentes la idea que hoy ya es una realidad. Tuvieron que esperar a que pasase la pandemia para comenzar con los trámites y fue hace varios años cuando comenzó la campaña de donaciones para lograr dinero para comenzar con la construcción del edificio donde se instalará la escuela de cocina, algo que ya es toda una realidad y que se encuentra muy avanzada su construcción.

En estas semanas, Erik de Pedro se encuentra allí dando continuidad al proyecto del que asegura que “gracias a la ayuda de mucha gente hemos podido seguir mandando dinero para que el proyecto no se parara. Por otro lado, estamos creando nuevos vínculos con asociaciones y personas locales con las que poder colaborar para hacer comunidad y crear red, formando micro proyectos con ellos. Queremos poder ayudar a todos haciendo que se beneficie de ello el mayor número de población directa o indirectamente”, señala el pinariego.

Comenzaron hace unos años estos tres amigos, pero ‘Cocina por el Cambio’ ha ido creciendo en apoyos de forma considerable. “El proyecto lo comenzamos Banani, Sonia y yo, pero con el paso del tiempo y en este viaje , se han unido al equipo Alberto, que nos ayuda en el tema de cooperación; Isis encargada de fotos y de la parte de sala; Irene, nuestra médico, quien está realizando un severo trabajo de campo viendo las necesidades y recursos de los que disponen aquí la gente en materia de medicinas y a nivel nutricional; Boni, cocinera saharaui que nos va a ayudar a dar la formación también y Mneimuna, nuestra referente y ayuda local”.

Explica Erik que el proyecto consistirá “en formar a 15 mujeres durante 4 meses, de las cuales se elegirán 4 formadoras para que continúen con nosotros durante 4 años más y serán ellas las que continúen con este proyecto ya que es para ellas, para su gente. Cada año se volverían a elegir otras 15 y así continuamente. Muchas de las chicas que no hayan podido ser seleccionadas también serán llamadas para pequeños eventos o a la hora de impartir talleres, ya que queremos dar oportunidad a todas las que podamos. A la vez que hagamos la formación, dispondremos de un comedor en el cual venderemos nuestros platos para así con ello poder emplear a las mujeres y que dispongan de un salario íntegro para ellas. Habrá dos turnos, uno a la mañana y otro a la tarde. Les enseñaremos también a utilizar de la mejor manera los recursos que tienen para sacarles el mayor aprovechamiento nutricional”.

En la anterior campaña de petición de donaciones para este proyecto fueron muchos los vecinos, familiares y amigos de Erik de Pedro los que colaboraron consiguiendo superar los 1.000 euros. “Estoy muy agradecido de ello y orgulloso de poder decir que estoy rodeado de gente tan generosa. Fue un gran empujón tanto económico como emocional el ver que hay mucha gente detrás que nos apoya y anima. Hemos creado también un enlace, se encuentra en nuestras páginas tanto de Facebook como de Instagram a través del cual se puede colaborar. Toda aquella persona que lo haga, en agradecimiento, tendrá su nombre inscrito en la pared de la escuela. Ya llevamos muchos nombres, así que ánimo a todo el mundo a aportar su granito de arena. Estamos a la espera de acabar nuestra página web. Allí quedara reflejada toda la información y con transparencia explicaremos cada paso que vayamos dando”, añade De Pedro.

De cómo está respondiendo la población local, Erik nos cuenta que el proyecto está teniendo buena acogida. “Tenemos la aprobación y colaboración por parte de las instituciones saharauis y lo más importante, por su pueblo. Hicimos una reunión para presentarlo en la cual acudieron muchas mujeres y en menos de dos horas hicimos más de 40 entrevistas. El número de interesadas es muy alto, lo cual es muy buena noticia. La gente lo está acogiendo con mucha espera e ilusión, ya que es un proyecto que abre las puertas a la educación, profesionalización, empleo, nutrición y empoderamiento de la mujer, unos pilares muy importantes para el crecimiento de su sociedad. También el salir de su rutina y la monotonía que se vive aquí ayudará a que estas mujeres puedan sentirse realizadas. No hay que olvidar que nos encontramos en unos campamentos de refugiados los cuales llevan muchos años esperando una solución, donde las oportunidades son pocas, los recursos escasos y las horas interminables. 

Las clases comenzarán en el mes de octubre, cuando ya estén acabadas todas las obras, aunque en estos meses Erik de Pedro y sus compañeros irán impartiendo talleres y realizarán distintos eventos. “Esto va a suponer para ellas la oportunidad de poder formarse y tener un salario, ya que para las mujeres aquí es más difícil encontrar un empleo. Servirá para hacer crecer la esperanza y mejorar su calidad de vida pese a las adversidades”.

En este viaje, Erik ha llevado numerosos juguetes y dulces de Navidad. “Se han recibido con la misma alegría que recibimos en España los regalos en Navidades, ya que aquí recibir presentes puede ser algo único y especial. Ayudó mucho a recordar que la solidaria pinariega no se olvida del pueblo saharaui. Los turrones fueron repartidos en diferentes jaimas y los juguetes en escuelas y guarderías”, concluye, apuntando que su regreso a Duruelo será aproximadamente en el mes de marzo y después regresará al Sahara para la apertura de la escuela ‘Cocina por el cambio’.

El pinariego que lucha por conseguir un futuro para el Sahara a través de la cocina