martes. 31.03.2026

En el año 1970 se hizo el silencio en Cubillos, por Jesús Cámara

El pueblo es un buen representante de la arquitectura popular en la que se construía con mampostería tosca de piedra caliza, adobe, tejido de varas de avellano, arcilla y el clásico entramado de madera de sabina y pino, todos materiales extraídos del medio.
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La localidad de Cubillos ha permanecido deshabitada desde 1970.

"Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora /campos de soledad, mustio collado, / fueron en tiempo.  Itálica famosa". Versos de la "Canción a las ruinas de Itálica" escrita por el poeta español Rodrigo Caro (1573-1647) en los que lamenta la decadencia de la antigua ciudad romana de Itálica. Podíamos aplicárselos a Cubillos (Soria). Es hoy un despoblado perteneciente al ayuntamiento de Cubilla que raya con los pueblos de Cantalucia, Fuentecantales y Cubilla y distante 25 km del Burgo de Osma. Llegó a tener Ayuntamiento propio. En 1857 fue absorbido por el municipio de Aylagas que, a su vez, acabó siendo englobado en el de Cubilla a cuyo término municipal pertenece en la actualidad.

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Un censo de la población de 1528 recoge que 16 vecinos tributaban. El Catastro de la Ensenada de 1752 recoge que 17 vecinos, todos labradores, eran los que deberían pagar impuestos; habitaban en dieciocho casas, dos estaban vacías y había siete pajares. El censo de Aranda (1768) le asigna un total de 81 habitantes. El Censo de Floridablanca (1785) se refiere a Cubillos como un anejo de Cantalucia, habitado por 16 vecinos y 3 viudas (cien personas). En el Diccionario de Madoz de 1847 aparecen 15 vecinos y 60 almas con escuela «de instrucción primaria, concurrida por 12 alumnos de ambos sexos».

Vivieron los cubillenses del cultivo de cereales y de la crianza de vacas, ovejas y cabras que vendían en las ferias del Burgos de Osma, San Esteban de Gormaz o Berlanga de Duero. Para abastecerse de productos como aceite, arroz, pescado y otros alimentos se desplazaban con caballerías a los pueblos de alrededor, pues no tenían ninguna tienda. El cura venía de Cantalucia o de Cubilla. El médico residía en Talveila y tenían que ir a buscarlo con una caballería en casos graves; la medicinas se despachaban en el Burgos de Osma; las cartas las repartía el cartero de Cubilla y el herrero estaba en Aylagas.

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El último censo con habitantes es el de 1960 con 59 personas inscritas. A partir de este año se produjo una sangría poblacional. Fueron los jóvenes los que primero se marcharon. Los puntos de atracción fueron las grandes ciudades como Barcelona o Madrid, y sólo unos pocos se quedaron en la misma provincia. Fue un movimiento masivo llamado éxodo rural que se dio en las dos Castillas impulsado por la industrialización de España tras el Plan de Estabilización de 1959 de Franco. La motivación fue la búsqueda de servicios educativos, sanitarios y un estilo de vida moderno inexistente en los pueblos. Produjo la desaparición de algunos núcleos rurales en la España Vaciada. En el año 1970 los hijos del tío Toribio fueron los últimos que se marcharon de Cubillos al cercano Cubilla. Desde allí acudían a cuidar las tierras y a atender el ganado lanar que tenían... Y en Cubillos se hizo el silencio. No sucedió como en Ainielle, pueblo abandonado del Pirineo aragonés de la novela “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares, donde Andrés, último habitante del pueblo murió en el pueblo solo. Su cuerpo lo encontrarían yerto unos días después. En su última noche de vida en este mundo, recordaba el declive del pueblo, la muerte de sus seres queridos y la soledad absoluta que lo ha acompañado durante años. Al cementerio de Cubillos trajeron a enterrar el féretro de Anastasia Andrés Fernández de 62 años en 1986 según reza la cruz-lápida de su tumba cubillense.

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Fue Cubillos un buen representante de la arquitectura popular en la que se construía con mampostería tosca de piedra caliza, adobe, tejido de varas de avellano, arcilla y el clásico entramado de madera de sabina y pino, todos materiales extraídos del medio. Hasta se aprovecharon los trozos de tejas para componer un tabique de adobe. Se observan algunas construcciones de aspecto más reciente y en mejor estado de conservación, que emplean tanto la piedra como el ladrillo. Su distribución interior está realizada con adobes y entramados de madera y barro, con paredes lucidas de yeso. En una vivienda de la más modernas todavía sigue en pie una chimenea francesa y en otras se vislumbra cocinas de hogar bajo con campana pequeña, toscas carpinterías, alguna con horno.

Eso fue hasta la desertización del pueblo hace 56 años. El abandono de las viviendas hizo que proliferaran las heridas de los tejados por las que penetró el agua que hizo que poco a poco se vinieran abajo los tejados, paredes y tabiques de adobe. Su destrucción por efecto de los agentes atmosféricos va a mucha velocidad. Bastará con comparar la vivienda del tío Toribio en los años 2009 y 2026.

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Un recorrido hoy entre las ruinas del poblado no veremos más que los esqueletos de las casas y pajares entre los que va adueñándose la maleza. Todavía se pueden contabilizar hasta catorce agrupaciones de edificios, juntos o aislados, en los que se puede adivinar a través de umbrales de las puertas, algunas con cuarterón, en torno a veinticuatro viviendas orientadas al sur, todas arruinadas en mayor o menor grado.

Los restos de este monumento arqueológico apenas se ha vandalizado con esos mensajes que aparecen por doquier. En el exterior hay restos de tres pinturas con sus mensajes enigmáticos y el interior una casa totalmente vandalizada de mensajes.

Es la iglesia, que estuvo dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, el edificio más visible y que como el resto se encuentra arruinado, permaneciendo en pie la “caja” de los muros. Está orientada de pies a cabecera de oeste a este como todas las iglesias cristianas. Tenía una planta de cruz latina al añadir dos capillas laterales simétricas, que forman el crucero. Conserva el llamado arco triunfal de medio punto que daba entrada al presbiterio de planta casi cuadrada con ábside plano donde iría el retablo mayor del templo. La imagen de su santo patrón San Lucas, que las mujeres sacaban hombros el 18 de octubre, se trasladó a la iglesia de Cubilla.

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A los pies, sobre una estructura de madera, se encontraba el coro y justo debajo se disponía el baptisterio desde donde se accedía al campanario. La espadaña de piedra arenisca de sillería se atisba desde todo el complejo ruinoso. Sus dos vanos vacíos y alargados, rematados en arco de medio punto, hoy aparecen vacíos, y sin la cruz de forja que la remataba. Sus campanas fueron llevadas al Museo Catedralicio Diocesano de Osma. Adosado a la pared norte de la iglesia está el cementerio con una puerta de herrajes cerrada con un candado que alguien puso en su día para salvaguardar el lugar donde reposaban sus ancestros.

En 1933 se produjo un significativo avance para las sufridas mujeres al acercar el agua al pueblo cuando se construyeron a base de hormigón la fuente con pilón y el lavadero sin cubierta con dos pozas, una para el lavado y la otra para el aclarado. Se ubicaron al costado de lo que fue plaza mayor del pueblo: no conocieron el agua corriente y los desagües de aguas sucias.

Por encima de la fuente estaba la escuela que en los días de invierno cada mañana dos alumnos iban casa por casa recogiendo brasas para caldear un poco el ambiente de la clase. Al costado, se adosaba la casa-ayuntamiento. La sala de reuniones estaba en la planta de arriba quedando en la planta un salón que también servía para el baile de los días festivos.

De la corriente eléctrica, que llego llegó en 1947, quedan algunos “recordatorios” con los aisladores de cerámica y vidrio que se adosan con “palomillas” a las paredes o a la misma espadaña.

En el año 2009 en la página web “Los pueblos deshabitados” de Faustino Calderón todavía asignaba los restos de ocho viviendas de ocho vecinos con nombre propio, la escuela y el ayuntamiento. Hoy sería difícil ubicar las casas de los tíos Bonifacio, Gervasio, Juanete y Alejandro Moreno. Sus fachadas se han venido abajo.

Los materiales constructivos de Cubillos lentamente regresan al medio deshaciéndose por efecto de la lluvia, los hielos... el abandono y el expolio. El despoblado está arruinado y en avanzado estado de desintegración. Tal vez dentro de 200 años algún etnógrafo, algún arqueólogo... se interese por Cubillos. Dice Faustino Calderón en su web que “los pueblos deshabitados no son olvido, son cultura”

Bibliografía consultada

https://www.lospueblosdeshabitados.net/2010/02/cubillos-soria.html

https://despoblados.amigosdelmuseonumantino cubillos/#descripcion.es/despoblado-de-soria/

En el año 1970 se hizo el silencio en Cubillos, por Jesús Cámara