viernes 4/12/20

Descubren que las setas ayudan a los árboles a luchar contra el cambio climático

En un trabajo realizado desde la Cátedra de Micología de la Universidad de Valladolid en el Campus de Palencia, coordinado por Juan Andrés Oria de Rueda.
Exposición micológica de Navaleno en una imagen de archivo.
Exposición micológica de Navaleno en una imagen de archivo.

La época de setas posibilita un manjar más que llevarse del plato a la boca, aunque los hongos no son solo un atractivo culinario. Las utilidades medicinales o cosméticas se suman ahora a su alianza con el medioambiente. La Cátedra de Micología de la Universidad de Valladolid en el Campus de Palencia ha descubierto hongos que ayudan a las plantas, en concreto a los árboles, para que puedan resistir condiciones climáticas extremas.

El director de la Cátedra, Juan Andrés Oria de Rueda, muy vinculado a Navaleno, destaca que los trabajos están encaminados a que las "plantaciones o bosques, incluso los árboles ya existentes que se encuentran en malas condiciones, puedan resistir a los aspectos dificultosos adjudicados al cambio climático".

Todos estos proyectos e iniciativas tienen que ver con "la aplicación de los hongos para ayudar a los bosques en fijar el dióxido de carbono en gran cantidad, y así contribuir de una forma eficaz y activa a evitar el cambio climático", puntualiza el director de la Cátedra.

Esto se llevaría a cabo a partir de "la implantación de varias esporas de un superhongo en un árbol que, por ejemplo, puede crecer en el desierto del Sahel". De esta forma, la plantación aguanta unas condiciones gracias al procedimiento. No obstante, afirma que "no todos valen, por ello están en proceso de búsqueda, aunque las ubicaciones son secretas, ya que hay una especie de espionaje industrial".

Otro tipo de hongos, como la trufa negra, también son objeto de los estudios, como el proyecto de intentar cultivar dicha trufa en zonas de Etiopía o Los Andes con árboles locales. De hecho, se ha descubierto que el roble andino, de los colombianos y peruanos, puede producir la trufa negra. Un roble que se cultivó en la misma escuela y se comprobó que cumplía la función. Y es que, apunta que "no quieren llevar la encina española para evitar problemas, dado que sus árboles autóctonos son perfectamente válidos".

Oria de Rueda detalla el interés de intentar compatibilizar las tareas de investigación, ya que "se publican muchos artículos científicos que son leídos por poca gente". No obstante, para todas las averiguaciones e investigaciones, "las publicaciones científicas son el aval de las mismas, además de evitar el frecuente robo de ideas". Aun así, puntualiza que "todo ese procedimiento se lleva a cabo porque, tanto la Universidad como los poderes públicos solicitan una justificación científica, donde lo valioso debería ser complementado con actividades de divulgación".

En ocasiones, los centros de investigación están muy centrados en publicar cientos de artículos del máximo nivel de registro, pero luego "carecen de conexión con la sociedad, al parecer que las personas de la Universidad viven del cuento y toman el pelo al resto", afirma.

Por ello, el director de la Cátedra de Micología de la UVa traslada que "es importante que todas las averiguaciones que se llevan a cabo deben ser trasladadas al ciudadano, razón por la cual se ponen en marcha tareas de divulgación". Entre ellas se encuentra la publicación de un libro, realizado íntegramente en Palencia, bajo el título 'Amigos para siempre. Los árboles y sus amigos los hongos'. 

Unas tareas de acercar el conocimiento que "son muy importantes en el ámbito micológico debido al gran auge en torno a este mundo, al pasar de un pequeño grupo de aficionados a un elevado porcentaje de población que sale al campo a buscar setas", señala el profesor.

La especie de moda de recolectar setas es una tendencia "muy positiva", ya que es inviable pregonar la idea de que "las personas van a estropear los bosques". Tal es así que, desde la Cátedra de Micología, a través de la medición de la producción de setas, han descubierto que "la acción de llevarse todas las setas de un lugar no provoca un efecto negativo". "Los hongos huelen bien por algo, con el fin de que los seres vivos se alimenten de ellas".

A la contra, Oria de Rueda asegura que en los lugares que se han acotado y no entra nadie se ha observado que “salen setas mortales, amargas y no comestibles, con una producción más baja y peor". La paradoja de cercar zonas durante años "para beneficiar a la naturaleza y las setas es inviable y contraproducente", añade.el Catedrático, quien recalca que hay muchas setas que son nitrófilas, las cuales necesitan la actividad animal y humana, a través de los excrementos y el orín. La situación de despoblación en muchas zonas rurales y la escasez de ganadería extensiva provoca que este tipo de hongos sean sustituidos por otros no comestibles.

Respecto al aprovechamiento de los hongos, desde un punto de vista práctico, la forma de cortar las setas tiene su importancia. "La acción de cortar unos champiñones o unos níscalos es mucho peor que arrancarlos de la tierra. Parece una tontería, pero arrancar es más ecológico que cortar. Cuando los animales se alimentan de ellas, las cogen enteras y no dejan el toconcito", subraya el director de la Cátedra.

Una práctica que no es igual con todas las variedades, como ocurre con la seta de cardo o de chopo, para las que "es imprescindible cortar, dado que, si no, al desprender la seta entera, no volverá a crecer más veces", asevera Juan Andrés Oria de Rueda.

  

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