El futuro de Pinares exige un pacto entre jóvenes y mayores, por Francisco Sanahuja

Francisco Sanahuja i Toledano.
El autor, muy vinculado a Aldea del Pinar, indica que " la juventud aporta energía, tecnología y nuevas formas de empresa; los seniors aportan oficio, experiencia y memoria productiva. Si ambas generaciones trabajan juntas, Pinares puede pasar de territorio que resiste a territorio que emprende".

La Tierra de Pinares, situada entre Burgos y Soria, no es un territorio pobre. Tiene bosque, madera, oficio, paisaje, identidad, pueblos con historia, empresas que han resistido y una cultura del trabajo que no se improvisa. El problema de Pinares no es la falta de recursos; el problema es que demasiadas veces esos recursos no se transforman en proyectos capaces de retener juventud, atraer talento y generar nuevas actividades económicas.

La despoblación no se combate sólo con discursos ni con nostalgia. Tampoco se resuelve únicamente con subvenciones. Se combate creando oportunidades reales: empleo, vivienda, formación, acompañamiento empresarial, financiación razonable y orgullo de pertenencia. Sin eso, pedir a los jóvenes que se queden es injusto. La juventud no abandona los pueblos por falta de cariño a su tierra; los abandona cuando no ve futuro profesional, cuando no encuentra vivienda accesible, cuando no dispone de servicios suficientes o cuando siente que emprender en el medio rural es una carrera de obstáculos.

Pero sería un error cargar toda la responsabilidad sobre los jóvenes. En Pinares existe un capital extraordinario que no siempre se aprovecha: la experiencia de los mayores, de los empresarios, autónomos, madereros, carpinteros, transportistas, ganaderos, hosteleros, técnicos, trabajadores forestales y personas que han levantado negocios durante décadas. Muchos de ellos conocen el monte, la madera, los clientes, los errores que no deben repetirse, los proveedores fiables, las temporadas buenas y malas, y la forma de negociar cuando las cosas vienen difíciles. Ese conocimiento vale dinero. Y, sobre todo, vale futuro.

Por eso Pinares necesita un pacto intergeneracional. No un pacto solemne para hacerse una fotografía, sino un acuerdo práctico: jóvenes con ideas y seniors con experiencia trabajando juntos para crear empresas, modernizar las existentes y abrir nuevas líneas de actividad. La clave no está en enfrentar generaciones, sino en sumar lo que cada una tiene. El joven puede aportar digitalización, diseño, marketing, comercio electrónico, sensibilidad ambiental, idiomas y nuevas formas de relación con el cliente. El senior puede aportar criterio, contactos, prudencia financiera, conocimiento del oficio y sentido de realidad. Separados, ambos mundos pierden fuerza. Unidos, pueden crear una nueva etapa económica para Pinares.

La industria maderera debe ser uno de los pilares de esta estrategia. Pinares no puede conformarse con vender madera o mantener una actividad tradicional sin añadir valor. Hay que avanzar hacia productos de mayor margen: construcción en madera, rehabilitación sostenible, mobiliario con diseño, soluciones para turismo rural, embalajes especiales, aprovechamiento de biomasa, subproductos forestales, certificación ambiental y servicios técnicos vinculados a la gestión del monte. La madera no debe ser sólo una materia prima; debe convertirse en marca, industria, innovación y empleo joven.

También hay que mirar con seriedad al turismo rural y al deporte de naturaleza. Pinares tiene paisaje, caminos, pinares, patrimonio, gastronomía, embalses, nieve en temporada, rutas, espacios para bicicleta, senderismo, montaña y actividades al aire libre. Pero el turismo no puede reducirse a abrir casas rurales sin estrategia. Hace falta producto organizado: fines de semana temáticos, rutas interpretadas, experiencias forestales, turismo familiar, deporte escolar, campus de naturaleza, encuentros de empresas, pruebas deportivas sostenibles y paquetes que unan alojamiento, restauración, guías, comercio local y cultura del territorio. Ahí los jóvenes pueden crear empresas de servicios y los mayores pueden aportar relato, memoria, conocimiento del entorno y credibilidad.

El reto social es tan importante como el económico. Un pueblo no se mantiene vivo sólo porque haya empresas; se mantiene vivo cuando hay relaciones, servicios, actividad cultural, espacios de encuentro, vivienda, escuela, deporte y participación. La empresa rural del futuro no debe limitarse a facturar: debe ayudar a fijar población, mejorar el entorno y crear comunidad. En este punto, la juventud debe ser escuchada de verdad. No basta con invitarla a actos; hay que dejarla decidir, equivocarse, liderar proyectos y ocupar espacios de responsabilidad.

La propuesta es concreta. Pinares debería crear una red de mentoría empresarial y territorial formada por seniors con experiencia y jóvenes con voluntad de emprender. Cada proyecto joven debería poder contar durante sus dos primeros años con un mentor, un pequeño consejo asesor y apoyo técnico para hacer números, estudiar mercado, buscar ayudas, preparar un plan comercial y evitar errores básicos. No hablamos de teoría: hablamos de acompañar a quien quiere abrir un taller, crear una empresa de guías, modernizar una carpintería, lanzar una marca de productos locales, gestionar alojamientos, digitalizar ventas o poner en marcha servicios para mayores.

Junto a esa red, sería necesario impulsar un programa Pinares Joven Empresa, con objetivos medibles: identificar ideas, seleccionar proyectos viables, buscar financiación, utilizar naves o locales vacíos, conectar con empresas tractoras y facilitar el relevo generacional en negocios que pueden desaparecer por jubilación. Hay talleres, comercios, explotaciones, servicios y pequeñas industrias que no necesitan cerrar; necesitan continuidad, adaptación y una nueva generación que los tome con apoyo y sin empezar desde cero.

El territorio debe trabajar con números. Un objetivo razonable para los próximos cinco años sería impulsar entre 25 y 40 nuevas iniciativas empresariales o relevo de negocios, crear o consolidar entre 75 y 150 empleos directos e indirectos, y movilizar inversión pública y privada en formación, digitalización, maquinaria, vivienda y promoción territorial. No son cifras imposibles si ayuntamientos, empresas, asociaciones, grupos de acción local, diputaciones, centros de formación y entidades financieras actúan de forma coordinada. Lo imposible es esperar resultados distintos haciendo lo mismo de siempre.

El papel de los seniors debe ser reconocido formalmente. No se trata de pedirles ayuda de forma voluntarista y desordenada. Hay que crear una bolsa de mentores, reconocer su dedicación, organizar sesiones de transmisión de oficio y documentar su conocimiento. Un territorio que no transmite lo que sabe está tirando al monte una parte de su riqueza. Y una juventud que no escucha a quienes ya han recorrido el camino corre el riesgo de repetir errores caros.

También hay que decir algo incómodo: si Pinares quiere jóvenes, debe ofrecerles condiciones dignas. No habrá retorno juvenil sin vivienda disponible, conectividad, movilidad, espacios de trabajo, formación adaptada y una administración que no convierta cada permiso en un laberinto. Emprender en un pueblo no puede ser más difícil que hacerlo en una ciudad. Si queremos que la juventud arriesgue, el territorio debe reducir parte de ese riesgo.

La gran oportunidad de Pinares está en dejar de verse como una comarca que pierde población y empezar a actuar como una comarca que organiza su futuro. Para ello hacen falta liderazgo, método y generosidad. Liderazgo de las instituciones locales. Método para transformar ideas en proyectos viables. Y generosidad para que mayores y jóvenes no compitan por el protagonismo, sino que compartan responsabilidad.

Pinares tiene madera, paisaje y memoria. Pero, sobre todo, tiene personas. Si la juventud aporta ambición y los seniors aportan experiencia, el territorio puede construir una nueva economía con raíces y con futuro. La pregunta ya no es si Pinares puede hacerlo. La pregunta es si será capaz de sentar en la misma mesa a quienes tienen ideas, a quienes tienen oficio y a quienes tienen la obligación de facilitar que esas ideas se conviertan en empresas, empleo y vida en los pueblos.

Porque el futuro de Pinares no vendrá solo. Habrá que trabajarlo. Y conviene empezar ya.

Francisco Sanahuja I Toledano

ASESOR DE SECOT