sábado 26/9/20

Un agosto atípico en un año con final incierto

Los vecinos y visitantes de pueblos de la comarca pinariega están viviendo con preocupación el avance y extensión de la covid-19, enfermedad que se está cebando con nuestra sociedad, y para la que continuamos con más incertidumbres que certezas.

 

Cierto es que algunos de los sectores económicos están haciendo el agosto. La mayor llegada de gente a los pueblos aumenta el consumo,- principalmente de los bienes de primera necesidad-, y aporta más ambiente (quizá es una temeridad llamarlo así), por esa ansiada necesidad que tenemos de no sentirnos tan solos, y la gente que viene por aquí,  por su calidades, implicación y saber estar, nos hace estar mejor acompañados.

De momento, la comarca no está siendo de las más castigadas por los rebrotes, aunque vemos en las últimas semanas como van apareciendo nuevos casos de contagios, la mayoría asintomáticos, que aumenta la preocupación sobre este problema.

No tener fiestas en los pueblos, y apenas actividad, nos hace vivir una situación extraña, a la que no estábamos acostumbrados, por lo que los lugares de reunión se han desplazado en muchos casos a las fuentes, el monte, las terrazas o el entorno de los núcleos urbanos.

Estamos ante un virus del que desconocemos casi todo (al menos quienes no estamos en primera línea de la lucha), y nos da la sensación que se van dando palos de ciego: recomendaciones de no más de diez personas, prohibición de fumar en lugares públicos, limitación de los horarios nocturnos,… Cada una de estas medidas choca con un interés económico, y por parte de empresarios y promotores, se considera que estas decisiones están reduciendo la posibilidad de aprovechar el recurso del verano, también de este atípico y raro.

En esta ‘segunda fase’ de la pandemia, que arrancamos en el mes de marzo, se ha vuelto a poner en evidencia la falta de medios sanitarios (no como al principio claro). No hay rastreadores suficientes, no se hacen los test que se deberían,…y también ha remarcado nuestra falta de unidad. Los ayuntamientos van a su aire, con medidas locales, incapacidad de ponerse de acuerdo en cuestiones de carácter general, y movidos más por eludir responsabilidades que por encontrar soluciones globales.

Ante esta situación, sólo nos queda desear que pasemos de puntillas por esta extensión de un virus que sigue matando, haciendo enfermar y mermando nuestras posibilidades de presente y futuro. De lo que se genere a partir de ahora, mejor no hablar.

Un agosto atípico en un año con final incierto
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