domingo. 14.07.2024

Cerca de la desembocadura

Nuestras vidas son los “ríos que van al mar que es el morir”. Así dibujaba la vida el poeta Jorge Manrique en unas “Coplas a la muerte de su padre” en el siglo XV.
En nuestra metáfora añadimos las aguas de otros afluentes con misteriosos efluvios que nos han acompañado y nos han llenado con humedales nuestro campo emocional. Los vecinos de los pueblos vacíos y envejecidos sumamos años y experiencias vividas junto a otros ríos que ven próximo el mar. La muerte como remate de la vida, es una actuación involuntaria –excepto en los suicidios- y no la podemos programar ni depende de nuestros deseos, sino que es la consecuencia final de estar vivos. Lo que nos preocupa es cómo vamos a “vivir” nuestra desembocadura que da al “mar”.
Sabemos por los mapas geográficos y sus estudiosas descripciones que los ríos fluyen al mar de diferentes maneras. Puede surgir una afluencia masiva en un solo cauce, al que llamamos “estuario”, que corre sólo en busca del agua salada. Uno que he conocido y admirado lo forma la desembocadura del rio Tajo en Lisboa. O por el contrario, otros ríos se dividen formando “deltas” como el del rio Nilo en Egipto. Podemos decir que un “estuario” es un brazo de mar que se extiende dentro de un río, y un delta es un brazo de tierra proyectado hacia el mar.
Son los años los que alimentan la alegoría de la desembocadura de la vida. Los hospitales son, en general, la antesala del nuestro último aliento. Uno puede seguir el consejo médico. O decidir buscar otras alternativas. O llevarse su salud maltrecha para casa y optar por remedios caseros. Pero el río añade formas retóricas a su existencia y deja otras vidas próximas a su propia desembocadura. Estos brazos de agua que nos han abandonado han sembrado el paisaje de verde; han dejado un poblado de retamas y de escobas amarillas; han cuidado unos árboles frondosos. Todo este vergel se ha sembrado con sus quehaceres y relaciones sociales y familiares. Es su río. 
Decimos un refrán apropiado para optar a la adaptación a una nueva realidad tras la ausencia de mi otro brazo en el cauce de mi río: “Qué me quiten lo bailao”. Ese baile se danza en la Naturaleza que me rodea y en la que he vivido y he sentido la alegría de vivir hermosas experiencias en mi espíritu y en mi mente. La esencia de la grandeza radica en la capacidad de optar por la propia realización personal en circunstancias adversas. Veo el mar. Y al cauce de mi río que lleva el agua del vivir para sembrar de verde y optimismo a todos los que me rodean. Hemos plantado vida. Esta valoración es lo que hay que aprender para lograr el instante feliz en el momento presente. Ese presente existe en todo el entorno del pueblo que me rodea y en sus gentes. Me estoy abriendo a nuevas experiencias haciendo una selección de las cosas que más me satisfacen realizar y con el apoyo del entorno social y familiar. No es mi deseo pasar el día encerrada. Quiero hablar de todo con el entorno que me rodea. Ese brazo de río que se fue al mar me escucha. Y me da optimismo.
Cerca de la desembocadura