martes. 16.06.2026

No es una quimera

Siempre hemos oído decir que la imaginación cubre el relato de nuestra historia. Los mayores acoplamos a nuestra mente los recuerdos y sus quimeras porque simbolizan nuestros deseos en el final del trayecto de la vida.

 

 

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La población está envejeciendo y mucho. Los pueblos se vacían. Estos dos elementos son las premisas de mi razonamiento para analizar la situación que atraviesa la vida rural, y sacar mis propias conclusiones de posibles resultados positivos en el futuro de nuestra tierra. Quiero nadar en una realidad que supere al nefasto declive poblacional de nuestros pueblos y nuestro entorno. Y reforzar la autonomía personal de los mayores con los apoyos adecuados para poder vivir en nuestras casas. Hablo de verdades sostenibles para llenar nuestra mochila de bienestar: La de la gente mayor y la vida rural.

Escribo esta opinión de un futuro sostenible para la gente de edad avanzada, tras una conversación entre amigos de orígenes no urbanitas. Dos de ellos tienen sus domicilios estacionales en pueblos de la Comunidad de Castilla La Mancha. Escucho cómo en estos lugares los mayores de 65 años allí empadronados, pueden recibir en sus domicilios una comida al día, dos en vísperas festivas, y tres los viernes. Una alimentación equilibrada y fundamental adaptada a sus necesidades. El coste de las comidas está entre dos y cuatro euros para las personas usuarias del “Plan de Garantía de Cuidados de los mayores en su Entorno” y que gestionan las Diputaciones Provinciales. La ayuda a domicilio se presta, sobre todo, en municipios con un número inferior a cinco mil habitantes y en riesgo de despoblación. Esta ayuda se promueve no sólo para fijar la población en el medio rural y combatir la soledad no deseada, sino para fomentar el empleo y favorecer la economía local. Ese es su relato. Y yo lo añado a una de mis opiniones ya descritas en este periódico, donde intuyo posibles ayudas domiciliarias. Y sigo apostando por ello. La despoblación conlleva ver las casas y locales vacíos propiedad de los vecinos ausentes. Y percibimos también cómo algunos de estos edificios son de los ayuntamientos locales: casas de maestros, del médico, escuelas… No me parece una entelequia promover un empleo de cuidadores asistenciales de personas mayores en un contexto habitacional de “Residencia Domiciliaria”. Estas personas, con su empleo, pueden afincarse en estas casas municipales con previsiones de arreglo para ser habitadas. Y empadronarse en el pueblo. Y fijar población. Las habitaciones de esta “Residencia” son las propias casas vecinales con sus baños, habitaciones, cocina y su entorno geográfico y social. Las personas asistenciales ofrecen sus servicios con las llaves de la puerta del domicilio y los prolegómenos adecuados para cada persona. Incluida la alimentación. La respuesta económica es cuestión de debate. Estos servicios no impiden las otras asistencias promovidas para los Centros de Mayores donde se llegan a acuerdos para otras colaboraciones. Queda dicho.

“Cuando el poeta es un peregrino, / cuando de nada nos sirve rezar./ “Caminante no hay camino / Se hace camino al andar”.  Antonio Machado.

         

 

 

Guadalupe Fernández de la Cuesta

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No es una quimera