María Eugenia Sanz, a quien tenemos muy presente en Navaleno, población que comparte con Zaragoza, tras sacar a la luz y con una gran aceptación, su primera novela ‘Cosquillas en la planta de los pies’, nos ha sorprendido gratamente con ‘La última caja de litines’, una obra que nos acerca a una historia dura, desgarrada, de esas que podemos encontrar a nuestro alrededor, y que nos atenaza, preocupa o entristece.
La presentación del libro tuvo lugar en el Teatro Cervantes de Navaleno el 13 de agosto, y contó con la presencia de la autora, el editor Luis Sanz, de La Fragua del Trovador, y del director de Tu Voz en Pinares, JJ.Andrés Barrio.
Una de las grandes cualidades que se aprecian en la escritura de María Eugenia es su gran precisión para describir a los personajes, con detalles relevantes, y esa capacidad la que transmite una cercanía que hace de estos protagonistas seres conocidos, como si ya tuviéramos de ellos ideas preconcebidas, y con lo que de ellos nos aporta, nos hacen más cotidianos. Cipriano, Herminia o Don Jacinto son un ejemplo de estas descripciones con las que la autora saca lo más destacado de estos protagonistas.
Si en la ópera prima de María Eugenia con ‘Cosquillas en la planta de los pies’ se retrataba una época, un tiempo, una trayectoria en la que aflorar los sentimientos no estaba bien visto, en la que todo había que taparlo, esconderlo, cambiarlo, en esta segunda novela, al lector se le sirve en bandeja la historia, sin ambajes, ni tapujos, haciéndonos testigos de una decadencia en cascada, de una situación inmóvil, casposa, continuista, aburrida y tediosa.
La dureza de las situaciones que nos retrata María Eugenia en este trabajo contrasta con una gran fuerza que emerge de los personajes ante las situaciones más injustas y un estoicismo que hoy nos parece incomprensible, y que sin embargo, ha marcado la vida de generaciones acostumbradas a la resignación, la desgracia y la obediencia.
Sin embargo, y pese a la adversidad, la historia que nos cuenta la autora empodera a Isidra, la hace más fuerte. Es una lucha contra la adversidad que consigue sacar lo mejor de sus experiencias en una reflexión que supone un decálogo para afrontar la vida, quedarnos con lo mejor de nuestras vivencias, arrinconan las desgracias y ser capaces de levantarnos en medio de la oscuridad.
María Eugenia nos traslada a un recorrido por la vida, a una trayectoria de caídas y empujones, de hacerse a sí misma, de una monotonía que solo rompe la desgracia, a una felicidad efímera que se esfuma.
