sábado 16/10/21

La Bodega Lunas de Castromoro lleva tiempo preparándose para sacar sus primeros vinos en julio

Los tres hermanos Ligero Rangil forman un equipo perfecto ya que todas las tareas tanto en bodega como en viñedo las hacen ellos y su familia, trasmitiendo a sus vinos esa unión y alegría
Viñedo familiar
Viñedo familiar

El proyecto en sí comienza cuando tras muchos años jugando con el sueño de emprender en su tierra natal Soria, consideraron en 2016 que había llegado el momento de poner su pequeño grano de arena en esta tierra y comenzar el proyecto de viñedo y bodega con el que tantas veces habían soñado. Con gran tradición familiar “Lodel vino me era cotidiano desde pequeño, con mi abuelo Miguel que regentó el Bar Rangil, mi tío Miguel Ángel, de Bodegas Rangil”, afirma Fernando Ligero, nacido en Soria, heredero de una familia muy ligada al vino.

Nos cuenta Fernando que “es el amor a nuestra tierra soriana y la influencia de nuestro padre, gran amante de la poesía, lo que nos hace decidir el nombre de los
vinos ‘Rayo de Luna’ en homenaje a uno de nuestros grandes, Bécquer. Otro apunte, el nombre de la bodega, Lunas de Castromoro no está elegido al azar, Castromoro es
el antiguo nombre de San Esteban de Gormaz y ‘Lunas’ porque trabajamos algunas cosas en viñedo y bodega según ciclos lunares”.

El proyecto tiene como matriz la familia y es ahí donde a Fernando como enólogo, con la formación de agrónomo, se suma el ingeniero Jesús Ángel Ligero Rangil y el abogado
José María Ligero Rangil. Los tres hermanos forman el tándem perfecto para que cada una de las tareas de esta iniciativa empresarial cubra bien todos los flancos. Tras abandonar profesionalmente su aventura riojana, 15 años en bodegas como Muga, Barón de Ley y Ontañón, en la Rioja y Aragón, Fernando decidió regresar a Soria y junto a sus hermanos darle un fuerte impulso al proyecto bodeguero.

El proyecto de la bodega comienza en 2018 con su alta en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, y temporalmente la tienen enclavada
en una nave de alquiler de la Cámara de Comercio en San Esteban de Gormaz “pero ya hemos adquirido el terreno definitivo para una pronta construcción de la
bodega en el municipio de Pedraja de San Esteban” nos cuenta Fernando Ligero.

Es en 2016 cuando comenzaron a comprar viñedos centenarios en los municipios sorianos de Miño de San Esteban, Alcubilla del Marqués y Pedraja de San Esteban, con la intención de comenzar a trabajarlos en agricultura ecológica de modo que eliminan todo residuo de herbicidas y otros pesticidas de síntesis química. El  objetivo es hacer las cosas bien y por eso muchas veces hay que ir despacio y dar su tiempo a las cosas. Por ello decidieron primero sanear los viñedos y revitalizar los suelos durante 3 años, antes de comenzar su primera elaboración de vino que sucedería en 2018. Todos sus viñedos, que es de donde únicamente procede la uva para elaborar sus vinos, son trabajados 100% ecológicos en donde solo aplican azufre y los suelos los mantienen con cubierta vegetal segada. 



Su viñedo actual tiene una superficie de 3,17 hectáreas repartidas en 37 majuelos, que es como se llama a este tipo de viñedos viejos de pequeña superficie. Son viñedos centenarios cuya producción no llega a los 3.000 kilogramos por hectárea, pero a pesar de estos bajos niveles productivos, de los riesgos climatológicos de heladas primaverales y granizo (por estar en una zona de cultivo límite) y el daño que a veces ocasionan la población de corzos existente en la zona, la calidad de la uva que se produce en esta Ribera del Duero soriana es espectacular. “Y es que a pesar de todo ello, somos unos grandes privilegiados por la altitud a la que nos encontramos, la gran
diversidad de suelos que tenemos y la longevidad de nuestras cepas”. Sus cepas en concreto datan de 1890 a 1920. Es por ello que cada vez son más los prescriptores y periodistas especializados en vino los que elogian la zona.

Al igual que en el viñedo la línea de trabajo en bodega sigue siendo la honestidad, de modo que intentan expresar lo más fielmente posible el ‘terroir’ de sus viñedos. En la bodega trabajan con pequeños depósitos de hormigón para fermentación y posteriormente crían en barricas de roble francés y tinajas de barro, siguiendo prácticas que la revolución industrial del sector dejó aparcadas, al requerir una mayor atención y no adaptarse a una producción masiva y de mayores cantidades. “Damos mucha importancia
a la última crianza en botella, ya que consideramos que es un tercio de la elaboración del vino, es el toque final”. “Tanto en viñedo como en bodega todos los trabajos los hacemos nosotros y nuestra familia. Tratamos de transmitir esa unión y alegría al vino” nos cuenta Fernando.

En Julio sacarán sus primeros vinos, verán la luz el primer tinto (Rayo de Luna Tinajas 2018) con 1.764 botellas, el blanco (Rayo de Luna Albillo Mayor 2020) y el blanco
elaborado con pieles (Rayo de Luna Brisado 2020), con unas 900 botellas cada uno. En cuanto a la añada 2021 decir que a ellos no les han afectado estas últimas granizadas, sin embargo sí las fuertes heladas del mes de enero, aún así aunque algo más reducida se prevé una buena añada.
 

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