domingo. 29.01.2023

Posada Las Mayas, en Quintanar de la Sierra, y el placer de saborear...

En las instalaciones, se ha adecuado la terraza junto a la travesía para mayor confortabilidad durante el año, El centro mantiene abierto el spa a la gente que quiera utilizarlo, independientemente de si está alojado o es comensal.
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Imagen de la adecuada terraza de Las Mayas.

A Pablo de Miguel Bartolomé le venía ya de familia el negocio abierto al público y del emprendimiento. “Nos gusta lo que hacemos y queremos formar parte de la sociedad donde vivimos”. Hace 14 años, se dio un gran paso: sacar adelante un proyecto familiar.”La cara visible, soy yo pero formamos parte de él mis padres y mi hermano”. Era un 24 de marzo de 2008 cuando se abrió la Posada Las Mayas, tras cuatro años de obras, sobre una casa familiar adquirida a finales de los años sesenta del pasado siglo, y que data de 1920.

Entrar en Las Mayas es un disfrute constante. Es apreciar las cosas sencillas: cornisas recuperadas, ladrillos árabes con formas singulares, vigas con madera de Pinares, detalles de piedras talladas a mano, paredes con solera, telas, los olores…Llama la atención el patio interior en madera, cristal y piedra, que aporta originalidad, luz e historia a esta casa, estéticamente impecable, y grande, con 200 metros por planta, unos mil metros cuadrados útiles. “Hemos respetado, en la medida de lo posible, la distribución que tenia la casa, y lo que la parte de lo que ahora es el restaurante, con la terraza, fue en su día un comercio de ultramarinos”, dice Pablo, quien recuerda que “el alquiler de nuestros servicios es muy parecido al de un hotel con el restaurante, el alojamiento en las doce habitaciones disponibles, y el servicio de spa que también abrimos al público aunque no tenga contratada la habitación”.

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Patio interior, en madera y piedra, en Las Mayas.

Reconoce el emprendedor que “en un principio no sabíamos lo que queríamos, pues no teníamos la clarividencia de ideas, pero teníamos claro que había que cuidar los detalles, y en eso tuvo mucho que ver Rosa, mi madre. Se ha cuidado la parte acústica, y el mantenimiento y la puesta a punto “de aquello que muchas veces no se ve”, es tarea de su padre José Luis.

Cada rincón está repleto de añoranzas como el espacio de muñecas, el armario-escaparate  de la abuela o el tapiz parisino, la lumbre baja, las tejas, los muebles…Todo te lleva al descanso, la relajación, y esa necesaria desconexión.

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Una de las habitaciones en La Posada

EN EL COMEDOR

Hace un poco más de un lustro Eurotoques’, la organización internacional que integra a más de 3.500 cocineros de 18 países, le propuso la integración en la organización al restaurador, que estudió en la Escuela Superior de Cocina y Hostelería de Toledo, y que vive la cocina con intensidad. En su opinión,  el servicio de carta en el restaurante, instaurado hace ahora cuatro años, ha sido el considerado más idóneo para ofrecer la mejor combinación de calidad y precio, teniendo en cuenta también la demanda para el servicio de comedor en las diferentes épocas del calendario anual.

En Las Mayas se puede disfrutar cocina de mercado, que rebusca en la tradición culinaria de Pinares, con alimentos que han formado parte de nuestra dieta y cultura, aliñadas con un depurada técnica y un toque de vanguardia. La micología, el cerdo y sus versiones, la huerta y todas sus peculiaridades…en un recorrido de la despensa al plato, plagado de multitud de percepciones.

“Trabajamos con sensaciones y experiencias, y si tú no tienes pasión por este tipo de negocios, no lo haces”, afirma Pablo, quien confirma que en el momento álgido de ocupación llegan a trabajar hasta diez personas. “El cliente es un mundo”, comenta De Miguel, quien dice tener “mucho cliente, que comienza como tal, y acaba siendo amigo”. Hay un porcentaje, del 15 al 20 por ciento, de gente que repite en la misma época “y esto es muy importante a nivel personal, ya que hay una relación especial con ellos”.

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El servicio del Spa permanece abierto al público.

Posada Las Mayas, en Quintanar de la Sierra, y el placer de saborear...
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