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Una dura realidad

Guadalupe Fernández | Desde Neila

Guadalupe Fernández | 03 de mayo de 2020

En los días de nuestra vida, desde la infancia hasta la senectud, hemos soñado con situaciones imaginarias dando pábulo a leyendas o tradiciones ajenas a la realidad.

Son los paseos por el pinar muy propicios a conjeturar ideas trascendentales. Ese cielo que bordan los pinos, nos lleva a elucubrar  relatos escritos en el firmamento en forma de  naves espaciales extraterrestres dispuestas a invadir la Tierra. No se podía sospechar, a pesar de todos los avances en investigación científica y sanitaria, que una invasión, en forma de un “virus”  nos llevaría al colapso existencial de los humanos. Es indudable que se producirán cambios, tanto en el comportamiento, como en las formas de legislar de los gobiernos. Por ello, puede surgir una nueva forma de sociedad implicada en el encuentro de unas residencias rurales mucho más efectivas en la lucha contra los contagios masivos de enfermedades víricas, y contra la contaminación atmosférica. Será prioritaria la salud de las personas

Por esta experiencia vivida, es previsible una pérdida de atracción de las grandes urbes como lugar de residencia. Las aglomeraciones humanas no son proclives a una calidad de vida saludable. Por ello la vida rural puede ser un referente vital. Sabemos que lo primero y principal  es la salud,  y nos asiste el derecho inapelable a la igualdad sanitaria respecto a los habitantes de las ciudades. No nos sorprende que esta desgracia del “coronaviros” haya salpicado a los servicios sanitarios. Llevamos años de recortes en plazas de médicos de familia; de especialistas en los hospitales; de cierres o privatización de laboratorios; de una atención geriátrica olvidada… Pero el colmo de esta desdicha sanitaria se ubica en nuestra tierra de pinares. Todos llevamos en nuestras vidas una experiencia nefasta y dolorosa por esta injusta degradación sanitaria. Desde Neila, mi pueblo, a Burgos hay un recorrido aproximado de unos noventa kilómetros. En el ambulatorio de Quintanar de la Sierra, al que dedico todas mis alabanzas y gratitud, sólo es factible dar solución, y con mucho esfuerzo, a una asistencia médica en los pueblos, y a un servicio de urgencias. Nada más. Creo suponer, que en la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León, dispondrán de un mapa de la zona.  Entonces sabrán de las distancias kilométricas que nos separan de un Hospital, en Burgos o en Soria, para acudir con síntomas de una enfermedad que requieran pruebas hospitalarias, o el ingreso. Sabrán cual es el número de habitantes que sufren esta segregación marginal. Argumentarán que no hay medios económicos en la situación actual para emprender la construcción de un Hospital en nuestra comarca de pinares. Pero hasta los más ignorantes sabemos que la economía, a lo largo de un tiempo más o menos largo, se levanta. Los muertos no se levantan nunca. Y en nuestra tierra, somos personas vulnerables, no al virus, sino a la edad. Nos toca despedirnos de la vida, pero lo deseamos hacer con la dignidad, e igualdad de oportunidades que reciben los urbanitas. Estampo mi firma con toda claridad en la demanda de un Hospital Comarcal en Pinares. Bendigo mis pensamientos optimistas. Los rubrico.

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