Eliminar burocracia y agilizar la tramitación para asentar nuevas iniciativas en los polígonos industriales que tenemos ya en funcionamiento, debería de ser uno de los compromisos principales de los partidos en esta campaña electoral.
Estamos asistiendo a una pérdida continuada de negocios. Parte de ellos, desaparecen tras la jubilación de su propietario y, la mayoría de éstos no tiene continuidad. Esa falta de relevo generacional está muy relacionada con el escaso interés de los jóvenes con establecer su primera vivienda en los pueblos. Les gusta la vida rural para un rato, unas vacaciones, un verano, un tiempo determinado. No siempre.
A muchos padres les gustaría que continuaran con la empresa que ellos han logrado mantener durante décadas, y esa negativa está también muy fundamentada en lo farragoso que resulta poder relanzar una iniciativa en marcha y, aún más, empezar desde cero. Permisos, licencias, impuestos, transmisiones, exigencias y obras conforman una montaña de trámites difícil de atravesar, y en la que muchos se quedan en el camino.
‘Impuestos 0’ prometen desde algunos partidos políticos en liza por hacerse con el gobierno. Apoyo a las empresas del mundo rural. Bonificaciones por instalarse en los pueblos. Son mensajes que se entrecruzan en una amalgama de anuncios para captar a los indecisos habitantes de los pueblos. Y luego, pasan las elecciones y, en la letra pequeña, te dejan claras las limitaciones para acceder a esta línea de ayudas, puesto que no se cumplen con los mil y un requisitos que imponen los lumbreras de las propuestas institucionales.
Pongámonos positivos. Imaginemos que hemos superado el escollo de la burocracia, y tenemos en marcha la nueva empresa en el polígono industrial. Estamos yendo y viniendo a la ciudad mientras buscamos vivienda donde asentarnos. No hay vivienda disponible. Es decir, que hemos logrado el trámite más difícil para hacernos con una empresa y, en teoría el fácil, se nos resiste.
El problema de la vivienda sí que es uno de los temas centrales de esta campaña electoral, pero todo con la misma tendencia. Construiremos vivienda, esa es la promesa. Pero, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿A quién va destinada?, ¿Quién la financia?...Son preguntas a las que dar una respuesta clara no es creíble en estos momentos. Hay propietarios, inquilinos, compradores, moradores de vivienda los meses de verano, herederos que no saben cuál es su implicación en la casa de sus antepasados, viviendas vacías, casas en ruina, pisos sin ascensor ni calefacción,…
Facilidades para asentar empresas en los pueblos y oferta de vivienda. ¿Por dónde empezamos?.
