miércoles. 22.05.2024

El veranillo de San Miguel extendido en octubre

Los calores veraniegos se han extendido este año hasta el mes de octubre. No existe interrupción climática entre el verano y el “veranillo” excepto en la temperatura nocturna.

 Nos han visitado algunas lluvias que han hecho reverdecer los campos y atinar con el pronóstico refranero: “Si en septiembre ves llover, el otoño seguro es”. Aparecen algunos matices del amarillo otoñal pero no son merecedores de grandes loas ni de arrebatos lingüísticos. La fiesta de San Miguel es la despedida del verano festivo y poblacional de los pueblos. Es la liturgia del abrazo comunal del adiós. Y de esperar nuevas concurrencias.

Ponemos como testigo a San Miguel para que observe nuestra capacidad de compartir las emociones y experiencias en una celebración especial en Neila. Nos hemos juntado, como otros años, para participar en una Comida Municipal con más de cien comensales. Ni la mejor terapia psicoanalista puede conseguir mayores triunfos en unas relaciones amistosas que duplican las alegrías y hacen olvidar las angustias. Es difícil describir un evento donde la eficiencia de los emprendedores, cocineros, camareros y demás personas con voluntad de ayuda y servicio han sido encomiables, cómo los rayos del sol en un día gris. Nos hemos situado con indiferencia del lugar donde se posicione nuestra silla en estas mesas alargadas llenas de gente. Sabemos que enfrente, y a nuestro lado, están los que nos quieren y respetan; los que animan la conversación con los recuerdos e historias familiares; los que tienen capacidad de decir casi todo en un lenguaje gestual cariñoso… Somos la familia que estamos compartiendo los últimos alientos de la convivencia veraniega.

La “foto” de esta comida es una lección de concordia contra todos aquellos que enarbolan el poder de mando pero sin mandar, ni hacer. Sólo decir para hacerse oír. Dice Machado: “Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio”. Nosotros sabemos de lo que hablamos pero no nos escuchan. Ni nos atienden. Esta “foto” revela una imagen de nuestra capacidad emocional y psicológica para disfrutar de nuestros pueblos, de la gente de nuestro entorno, de la orografía y de la amistad. Sabemos caminar al lado de las personas por su condición humana sin más circunloquios. Ni delante, ni detrás. La política está en todas partes y afecta a todo el mundo. Esta “foto” es una pancarta donde damos una lección de nuestra educación y empatía. Representa un aula donde se imparten los modelos y formas de dialogar de la gente que prima la concordia y comprensión frente a la disputa y presunción de los “egos”. Esta “foto” es un reclamo para la gente joven que busca otros horizontes ajenos a las ciudades. Se han vivido muchas revoluciones históricas hacia el encuentro de otra forma de vivir, por ejemplo “la Revolución Industrial”. Quizás las nuevas tecnologías de altos vuelos dancen en nuestra tierra como el mejor y más paradisíaco lugar para enarbolar la bandera de la felicidad. Son los mejores entornos para disfrutar. Y vivir el baile de la Naturaleza.

 

            Guadalupe Fernández de la Cuesta.

El veranillo de San Miguel extendido en octubre