viernes 22/10/21

Si cierro los ojos

La máquina de coser, casi siempre funcionando, al ritmo de tus pies

Los-minirrelatos-de-Patty
Los-minirrelatos-de-Patty

Si cierro los ojos, soy capaz de recordar la casa tal y como era cuando tú aún estabas aquí: el portal, tu habitación, el comedor, el baño azul, la cocina, la despensa... Puedo recordar el olor a pan de la despensa, y como, después de comer, corría a guardarlo en su bolsa de tela, para deleitarme contemplando tus vasos, cuidadosamente colocados en pirámide, tus bandejas, tus sartenes colgadas en la pared… Aún hoy lo hago.

Si cierro los ojos, soy capaz de salir al patio y ver la parra, y más allá el laurel, la lila, el peral, el albaricoque, y los múltiples rosales… la espuerta y los cubos de agua que llenabas cada día, “por si acaso”, solías decir… Si los aprieto un poco más, casi puedo recordar el gallinero, y la sensación tan agradable de transportar un huevo aún caliente en mis manos, hasta la cocina.

Si cierro los ojos, puedo vernos en el comedor, tirados al frescor del suelo durante la hora de la siesta, el chico y yo, intentando reír en silencio para no despertaros, a la tía y a ti, que intentabais descansar un poco, con ese calor, y el tour de fondo. Puedo recordar alguna zapatilla volando sobre nuestras cabezas, y soltar ya por fin la carcajada.

Si cierro los ojos, puedo oír el ruido de la máquina de coser, casi siempre funcionando, al ritmo de tus pies que apretaban el pedal con parsimonia, mientras la tela resbalaba sobre el suelo, para dar lugar a algún bonito vestido, una falda, una cortina para la puerta…

Si cierro los ojos, puedo vernos sentados bajo el manto de estrellas, compartiendo con los vecinos las aventuras del día, lo que ha dicho este, lo que ha pasado con aquél… Puedo casi escuchar el tono de voz de cada uno de ellos, y sobre todo tu voz y tu risa, tu arrastrar de zapatillas (ahora me doy cuenta de quién he heredado la forma de andar…), ver tus batas, siempre negras, tus pendientes dorados, tu eterno moño trenzado…

Es por eso que cada día, suelo mantener un rato mis ojos cerrados, sobre todo antes de dormir, y notar que todavía queda algo de ti aquí, y, por qué no, algo de mí allí.

Si cierro los ojos
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