viernes 27/11/20

Medidas disparatadas para una pandemia desbordada

El anuncio del cierre de bares y restaurantes de pueblos y ciudades de Castilla y León, independiente del área de salud en que se encuentren, es una barbaridad de consecuencias desastrosas, que ilustra, en parte,  la ignorancia de quienes nos confunden.

 Durante este mes de noviembre, y en la mayoría de los pueblos de Castilla y León, es prácticamente imposible contagiarse del covid-19 en un bar o un restaurante, por el escaso número de personas que frecuentan habitualmente estos sitios, principalmente en las zonas rurales, donde tienen que hacer malabarismos para intentar llegar a final de mes. Sólo alguien que no frecuenta estos lugares afirmaría lo contrario. O quienes no distinguen entre lo que es un bar en el centro de una ciudad, de lo la labor que desempeña junto a la plaza del pueblo.

 Yo me quito el sombrero ante la profesionalidad de la gente que trabaja en la hostelería, y de cómo se ha estado llevando el negocio durante este tiempo: guardando las distancias de seguridad en la mayor parte de los casos, con el gel hidroalcohólico, y desinfectando las estancias.

No contentos con estas exigencias, quienes creen que nos gobiernan quisieron sentar cátedra y decidieron que, - en vez de a las doce que hubiera sido lo suyo-, se iniciara el toque de queda a las diez de la noche, mermando los ingresos y servicios de la hostelería. Pues aún con todo, la inmensa mayoría ha respetado tan equivocada decisión, y se han envainado sus críticas, por no ahondar en problemas que pudieran derivar del objetivo principal: la búsqueda de una solución al problema de los contagios.

Lo que van a provocar es que la gente se reúna más en las casas, se concentre sin vigilancia alguna, y un mayor descontrol en los contagios. En un bar o un restaurante estamos controlados por los propios clientes del sitio. En una casa nadie sabe ni cuantos ni como se juntan. Además la hostelería es un servicio primordial, con muchas familias viviendo directamente de este sector. ¡Cuántas veces han presumido de ella en esta Comunidad¡.

 

No es comprensible que la Junta adopte como medida el cierre obligado del sector de la hostelería, y esta decisión no traiga consigo una compensación económica seria y bien cerrada. Se trata de aportar ayudas directas, y no más créditos de interés cero, pues bastante endeudado anda el sector como para  solicitar más préstamos.

Es necesario que se distingan las zonas rurales de las urbanas. No es lo mismo Pinares Burgos-Soria que Valladolid,ni Salamanca que Soria. Díganme lumbreras: ¿Quién paga las pérdidas que están ocasionando a los hosteleros?. ¿Cómo son capaces de echar balones fuera y decir que la culpa está en el otro gobierno cuando son incapaces de solucionar la situación sanitaria de esta Comunidad?. ¿Cómo se atreven a pasar por Soria cuando están desmantelando los servicios más mínimos en la atención sanitaria como ha demostrado con su consecuente dimisión el gerente de atención primaria?.

Compartimos que nos enfrentamos ante una pandemia nueva en muchos aspectos. Vamos a dejar de dar palos de ciego, y criminalizar a sectores que son clave en nuestra economía. Decisiones firmes, coherentes y constantes, y no devaneos de fácil aplicación.

 

Medidas disparatadas para una pandemia desbordada
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