lunes 21/9/20

Me quedo

Pero los comienzos son duros, y más en un pueblo pequeño.

Los minirrelatos de Patty
Los minirrelatos de Patty

Hace casi un año que empezó esta aventura y aquí seguimos. ¿Se acuerdan de aquella cafetería que iba a cerrar…? Aquella por la que mi madre suspiraba cuando pasábamos cerca. Finalmente me lancé y la alquilé. Me tacharon de loca para arriba, pero yo estaba feliz e ilusionada. Con el finiquito de mi empresa hice algunas reparaciones: pinturas, muebles recuperados… y, aunque está mal que yo lo diga, me quedó preciosa.

Pero los comienzos son duros, y más en un pueblo pequeño. Al principio costó, porque no era el típico bar de raciones y bravas, quise hacer algo más sofisticado, más elegante… Después, poco a poco las cosas cambiaron; por las mañanas empezaron a venir muchas mamás que dejaban a los peques en el cole y se tomaban un ratito para desayunar y ponerse al día. Por las tardes sobre todo venían parejas a tomar café, y grupos de amigos.

Algunos clientes empezaron a ser fijos y otros se han convertido en amigos. De repente me veo integrada totalmente en el día a día del pueblo, conozco a grandes y pequeños, me cuentan su día a día mientras toman un té y a veces me invitan a una comida o a un cumpleaños. Estoy muy contenta.

Pero no todo ha sido color de rosa. Al volver al pueblo sin casa y sin trabajo, a mis treinta y muchos, estar de nuevo en casa de mis padres era, como poco, raro. Muy raro. Menos mal que no se les había ocurrido dejar mi habitación de adolescente, porque solo hubiera faltado tener las paredes llenas de posters de la Súper Pop.

También me había costado entrar en las rutinas de mis viejos amigos, después de tantos años fuera, y el horario de la cafetería no ayudaba a hacer amigos nuevos, hasta que por fin abrimos y fueron pasando las semanas. Y estaba el tema económico. Hasta la que la cafetería dio beneficios me vi realmente mal, pensando que había cometido una locura y que tendría que cerrar, sin ahorros y sin negocio.

Pero por fin puedo decir que las cosas marchan, despacito, sin pausa pero sin prisa; que me he asentado, que este es mi sitio, quién sabe si mi destino estaba escrito y yo no había querido leerlo. Ahora mi próximo objetivo es alquilarme mi propia casita y ser de nuevo totalmente independiente, pero eso sí, lo tengo claro: ya no me voy de mi pueblo. Y es que, en los pueblos, también se puede.

Me quedo
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