jueves. 18.08.2022

"Yo te puedo decir de todo corazón que no me iría del pueblo a la ciudad ni aunque me pagaran"

Decía el gran Walt Disney que envejecer es obligatorio pero crecer es opcional. Y es que es curioso como nuestra infancia es ese tren que cogemos de vez en cuando para saborear la verdadera felicidad. Sandro Martín Quintanilla pasó gran parte de su niñez en Vallejimeno,  el pueblo de su abuelo Aureliano Quintanilla Salas. “Ahora vive con nosotros en Vizcaínos. Mi padre Agustín es Salmantino y mi Madre Idoia es del país Vasco. Estudie en Burgos y después nos desplazamos a Logroño por motivos laborales. Con quince años tomé una decisión muy importante en mi vida y regresé al pueblo con mi abuelo. El cuidaba de mí y yo comencé echando una mano a Julián Hoyuelos con su rebaño de ovejas. También iba trabajando en lo que iba saliendo. Creo que puedo decir que soy cien por cien rural. Para mí el pueblo lo es todo y no se vivir sin él”, comenta Sandro.

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Sandro junto a los sabrosos pinchos que tiene en su barra del bar social de Barbadillo del Pez.

La felicidad es ese arcoíris que se presenta ante nosotros todos los días y que muchas veces no somos capaces de ver. Se compone de momentos sencillos que alumbran nuestra vida dándole un sentido y también un rumbo. Sandro es un joven que ha apostado por ser feliz viviendo en Barbadillo del Pez. Y además haciéndolo muy cerca de aquellos que más quiere. “Mi abuelo es super agradable. Si necesitas algo, lo que sea, él siempre va a estar ahí. Le apasiona cazar la paloma, una tradición que todavía se lleva a cabo en el Valle de Valdelaguna. Rosario, mi abuela materna, tiene 73 años y es la más “curranta” de la familia con diferencia. Todavía le gusta mucho el charangueo y bailar y tiene una salsa increíble. Mi padre Agustín es un cacho de pan y un tío maravilloso. Es muy trabajador y siempre ha sacado a la familia adelante. Idoia, mi madre, es muy simpática y trabajadora. Su pasión es sin duda la cocina, donde destaca. Yaiza, mi hermana mayor, es una currante increíble y Lucía, la pequeña, está estudiando pero es la primera en ofrecerse a echarnos una mano a mi padre y a mí”, explica Sandro.

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Sandro Junto a su Padre en el bar social de Barbadillo del Pez. 

Sandro comenzó ayudando a su padre en el bar de Vizcaínos, un pueblecito de enorme belleza y autenticidad cercano a Barbadillo del Pez. “Aprendí el oficio con mis padres pero creo que además la hostelería como profesión la llevo en la sangre. Los vecinos y los clientes son muy agradables, cercanos y simpáticos. El problema viene con los inviernos porque como mucho son diez clientes los que van al bar.  Por eso hay que aprovechar a tope el verano para después estar un poco más tranquilo los días de invierno. En el bar de Valdepez comencé hace año y medio. Se fueron los antiguos dueños y me vine desde Burgos porque pensé que era una buena opción familiar. Al igual que en Vizcaínos los inviernos son muy duros. Lo que ocurre es que aquí tengo muy buenas relaciones con los vecinos y siempre hay alguien que necesita que le siegues la hierba o le cortes la leña. No falta trabajo en ese sentido. Ahora, durante el verano, el bar funciona muy muy bien. El problema es que me está costando muchísimo encontrar un camarero. La oferta desde luego sigue abierta y sería para tenerlo hasta mediados de septiembre”.

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Sandro abre el bar sobre las 12 y cierra a las cuatro y media para descansar y echarse un rato la siesta. Después vuelve a abrir a las siete, momento en el que llegan las señoras más mayores del pueblo para echar su partidita y tomar su consumición. “Es un momento muy bonito en el que pueden charlar y pasar tiempo juntas. Con los hombres sucede lo mismo. Yo trato en todo momento de ofrecerles el mejor servicio para que disfruten de su tiempo y de su amistad y están lo más cómodas posibles. Nuestro bar además destaca por variada y rica selección de pinchos. En esto siempre me echa una mano mi padre. Tenemos pinchos riquísimos de vinagreta, de huevo, gambas a la gabardina, rabas y también torreznos. Es un centro social muy luminoso y espacioso en el que sin embargo no cabe un alfiler en la fiestas de San Roque en agosto. También disponemos de una terraza muy amplia en la que los clientes disfrutan muchísimo sobre todo ahora con el buen tiempo. Además, el río Pedroso atraviesa el pueblo y es maravilloso poder escuchar el melódico sonido de sus aguas”.

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Todo aquel que lo desee puede disfrutar tomando algo en la terraza de la que dispone el bar. 

Las crisis siempre son fuente de nuevas oportunidades. Por eso la España Vaciada debe luchar por cambiar su destino para convertirse en la España de las oportunidades. Sandro sueña con ese retorno de los hijos que se fueron del pueblo. Sueño al que se suma su deseo de formar una familia y tener su propia ganadería. “Todo lo que se de ganado lo he aprendido con mi primo Julián, el alcalde de Valdepez. Mi sueño es en un futuro no muy lejano tener mis animales y formar un proyecto familiar aquí. La ciudad no te puede dar lo que te ofrece un pueblo. Su tranquilidad, su belleza y el aire limpio todos los días. No me iría de aquí aunque me ofrecieran dinero”.

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Si quieres ser feliz, simplemente se Feliz decía Tolstoi. Y esa es la filosofía que guía los pasos firmes y decididos de Sandro. Entre sus grandes aficiones están la pesca, la caza y también las motos. “Suelo ir al coto de Covarrubias buscando la trucha. También salgo a cazar  con Arturo, Amador, Alfonso, Ricardo y Ramón, que son mis amigos de la cuadrilla de Huerta. Las motos me apasionan desde el día en que subí a una con cuatro años y caí al suelo (sonríe…) Ahora mismo tengo una Beta RRT, Una Honda CR y una Honda CRF con las que disfruto muchísimo en la comarca. Soy del Real Madrid y me apasiona el fútbol. Para mí los mejores siempre fueron Casillas y Raúl. Dos emblemas del Club. Del equipo actual me quedo con Courtois porque yo también soy portero. Me viene de muy pequeño porque estuve jugando en Logroño en un equipo de fútbol sala Federado. Esa es precisamente la posición en la que juego en el equipo de Huerta de Arriba. También me gusta mucho la bici. En Valdepez tenemos una cuadrilla con la que salimos muchos días durante el verano”, explica Sandro.

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Su color favorito sin duda alguna es el verde. Si pudiera cruzar el charco viajaría movido por su pasión por las motos hasta Estados Unidos para disfrutar de la Ruta 66. Si le invitas a cenar acertarás con una buena ensalada y dos huevos fritos caseros. Su película predilecta es “Gladiator” y adora, entre otros, la música de “Queen”.

 

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