jueves. 09.02.2023
La opinión de
Germán Martínez Rica

Germán Martínez Rica

Periodista, escritor y emprendedor

Ya no quedan bancos como los de antes

No soy pesimista. Creo que la vida nos da muchas más razones para reír que para llorar. Sin embargo debo admitir que las gotas de lluvia que bailan deslizándose por mi ventana me hacen reflexionar acerca de mi vida y de la vida de nuestros pueblos. El otoño a veces es como esa vieja novia que te abandonó haciéndote sufrir hasta desfallecer. El otoño  es así, una época en la que la vida se detiene en transición con el frío invierno que está al caer. Por eso nuestros pensamientos, aunque no lo queramos, se vuelven astutamente fríos y grises haciendo a veces que nuestra existencia se pierda en la oscuridad. El viento golpea el cristal dándole una musicalidad tan desconocida como interesante. Y es que en mis recuerdos de niñez, están aquellos días otoñales de frío y agua en los que acompañaba a mis padres al banco Hispano de Salas de los Infantes. En aquellos años ochenta y noventa las sucursales bancarias eran lugares animados, con vida propia donde los vecinos del pueblo aprovechaban para poder verse, hablar y contarse sus rutinas. Eran algo así como un centro social, una especie de bar de pueblo sin cafés, cervezas o pinchos. En aquel entonces no había móviles, internet o cuentas bancarias. Tampoco hacían falta. Las transacciones se basaban en la cercanía, en la profesionalidad y en la confianza. Pues bien, hoy todo ha cambiado y bajo punto de vista a peor. Nuestros mayores, y sobre todo los que viven en los pueblos, no tienen nada fácil acceder al complicado universo digital. Son la generación que cuido de nosotros dándonos todo y a la que hemos abandonado a su suerte. Además los datos que son quienes realmente visten de luto la realidad dejan bien claro que Castilla y León sigue siendo la autonomía que más sufre la exclusión financiera en el medio rural. Nuestra comunidad acapara casi uno de cada cuatro cierres de oficinas bancarias de España en aquellos municipios que tienen menos de 5000 habitantes. La cifra es para echarse a temblar porque en concreto estamos hablando del cierre de 399 sucursales entre los años 2016 y 2021 pasando de 950 a 551 oficinas. Si miramos a la provincia de Burgos en esos mismos cinco años se han cerrado un total de 55 sucursales bancarias. Estamos ante un dato que nos sitúa en cuarta posición en el conjunto de la comunidad superada en este caso por la provincia de León que ha perdido 85 oficinas en sus pueblos de menos de 5.000 habitantes. Sin servicios nuestros pueblos están condenados a desaparecer. Y sin bancos este lento proceso se está acelerando. No podemos seguir así. Debemos despertar y luchar por nuestro modelo de vida. Y debemos hacerlo ya.  Mañana puede ser tarde.

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Los "heavys" de los ochenta en Salas de los Infantes

Los años ochenta fueron la ostia. Sobre todo para un niño pequeño de un pueblecito como Salas en la comarca de pinares. De aquellos años tan intensos como inolvidables guardo muchos y maravillosos recuerdos. Uno de los más nítidos e intensos en mi memoria es el de los grupos de heavy metal. En aquella década maravillosa sonaban canciones tan potentes como inolvidables de Barón Rojo, Obús, Ángeles del Infierno, Banzai, Nú o Muro. Formaciones fantásticas que se podían escuchar en todas las emisoras de radio y verse casi semanalmente en Televisión Española. Eran años de absoluta libertad y experimentación. Años en los que España trataba de reinventarse a través de la cultura y en este caso de la música. Las letras de sus canciones eran como balas que penetraban sin piedad el alma para que ésta buscara su espacio en un mundo sin rumbo o dirección. Letras que reivindicaban la búsqueda sin descanso de libertad dentro de un sistema esclavista y opresor. Letras de sudor y sangre que reescribían la historia en canciones llevaban a cientos de miles de jóvenes melenudos de concierto en concierto por toda la geografía nacional e incluso europea. Pinares no fue una excepción. En Salas se formaron muchos grupos de chavales adolescentes orgullosos maqueados con sus chupas de cuero, sus pantalones ajustados y sus botas de batalla. Grupos que recorrían las calles en manada escuchando en sus radios los mejores temas del momento. Fue en aquellos años inolvidables cuando Barón Rojo ofreció un recital de lo mejor de su música en la que hoy es la Plaza de Toros de la ciudad milenaria. El concierto fue estelar en un recinto abarrotado al que se acercaron grupos de amigos amantes del heavy de toda la comarca y de otros muchos puntos de España. Yo no era más que un niño. Quise entrar pero por desgracia me descubrieron. Así que no me quedó más remedio que sentarme fuera para escuchar aquellas canciones que iluminaban musicalmente el firmamento. Creo que fue allí cuando me enamoré por primera vez. Y no fue de una bella dama, sino de aquella música gloriosa e infernal al mismo tiempo que hacía que mi corazón latiera más rápido sintiendo de algún modo la verdadera libertad. Tal vez por eso ayer, recordando también a todos aquellos heavies que nos dejaron muy pronto, volví a escuchar allí algunos de los mejores temas de aquel momento. Me quedo sin duda alguna con un grupo como es Barón Rojo y con uno de sus grandes temas como es “Vivimos en un campo de concentración”. Os recomiendo escucharla para así entender que ellos ya vieron lo que sucedería hace nada más y nada menos que cuarenta años. Sin más amigos, larga vida al heavy metal. Larga vida al Rock and Roll.

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¿A qué o a quién estamos esperando para convocar ya una huelga General?

HUELGA GENERAL

Decía el gran historiador ateniense Tucídides que la historia es siempre un incesante volver a empezar. Y es que los humanos somos más tontos de lo que creemos porque siempre tropezamos en la misma piedra. El caso es que las huellas que dejamos permanecen. Para bien o para mal. Por eso quiero recordarles un episodio muy importante de nuestra historia reciente. Los más jóvenes, por desgracia, no pudieron vivirlo pero si podrán leer estas líneas para entender qué es lo que sucedió en aquella España tan diferente desgraciadamente a la actual. Pues bien, el 14 de diciembre de 1988 nuestro país vivió la huelga general más importante de su historia. El silencio se apoderó de fábricas, comercios, tiendas y  calles de todo nuestro territorio nacional. Tuvo un noventa por ciento de seguimiento y pararon casi ocho millones de trabajadores. Fue convocada, como era lógico, por las agrupaciones sindicales Comisiones Obreras y UGT. Comenzó a media noche. TVE apagaba su emisión en un programa dirigido entonces por Pilar Miró, una icónica imagen que se convertía en el símbolo del paro general. Con la huelga en contra del entonces gobierno socialista de Felipe González se denunciaban unas políticas económicas que iban en contra del empleo de calidad para los más jóvenes y en contra del mercado laboral. Pues bien, a día de hoy, tras una pandemia terrorífica donde se comieron con patatas nuestros derechos más elementales, vivimos sumidos en la más absoluta de las pobrezas. A estas alturas de la película, muchos hogares ya no son capaces de pagar las facturas más básicas de agua, gas y luz. Esas mismas familias se están viendo abocadas a decidir si encienden la calefacción o bien guardan el poco dinero que tienen al mes para así poder comer. El problema es que comer también se ha vuelto un artículo de lujo donde los alimentos más básicos no han dejado de subir. Nuestras calles se están llenando de nuevos sin techo. Ciudadanos de todo tipo que perdieron incluso la esperanza. Los autónomos se están ahorcando, literalmente. No pueden competir porque están pagando la fiesta de los “impresentables” que nos gobiernan. A derecha e izquierda. Para mí sin distinción. Muchas empresas están cerrando o bien declarando ERTES. Las pensiones no son competitivas porque se las come el lobo de la inflación. La situación es asquerosamente insoportable. Lo nunca visto en nuestra historia más reciente.  Por eso, ¿A qué o a quién estamos esperando para declarar ya una gran huelga general? Creo que todos conocemos la respuesta. Y está  en las calles. Unidos y fuertes. Como aquel 14 de diciembre de 1988.

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Se nos fue uno de los grandes, Don Idelfonso García Martínez.

La vida es el regalo más maravilloso del mundo. Para un niño sería algo así como esa bolsa de chuches de mil colores y sabores que no se termina jamás. Simplemente respirar y sentir acompasados los latidos de nuestro corazón es suficiente motivo para sonreírle al sol cada mañana. Y hacerlo sin importar si las nubes celosas y enfadadas no nos permiten verlo brillar en todo su esplendor. Vivir es simplemente dejar que las mariposas acaricien nuestro pelo y la lluvia moje con dulzura nuestra piel. Vivir es chapotear de nuevo el barro sin pensar en la edad, en las arrugas o en la vergüenza. Vivir es amar de tal forma que los propios sentidos se pierdan para no volver. Vivir es volver a ver un nuevo amanecer abrazado al amor de tu vida. Vivir es compartir alegrías y tristezas con tus padres a pesar de su alma marchita y del paso del tiempo. Vivir es una apuesta sin premio por conquistar nuestros sueños a pesar de estar despiertos. Vivir es simplemente vivir. Sin pensar en el ayer o en el mañana. Valorando cada instante, cada momento desafiando a un tiempo que no existe. Vivir es vivir. Esa era la maravillosa filosofía del gran Idelfonso García Martínez que quiso despedirse de la vida el pasado 28 de septiembre en la ciudad de Burgos. Se fue, como los buenos protagonistas de una vida plena, demasiado pronto. De él, afortunadamente, guardo muchos y maravillosos recuerdos bajo llave en mi corazón. Creo que el más importante de todos es que siempre, y así es como lo recuerdo, fue un hombre feliz. Uno de esos hombres íntegros que hacía del optimismo su bandera, enarbolándola para conquistar los corazones de aquellos que tenían la fortuna de cruzarse en su camino. Idelfonso fue un gran conversador que manejaba las palabras y los tonos con silencios prolongados, humildad y una maravillosa sonrisa. De convicciones firmes, fue un hombre conocido, amado y respetado en Salas de los Infantes y en toda su comarca. Disfrutaba del deporte como si fuera un niño disfrutando de una sabrosa tableta de chocolate. La bici fue siempre su mejor y más fiel compañera y con ella recorrió miles de kilómetros de asfalto y caminos enrevesados en los que saludaba a los árboles mientras cruzaba cada vereda y cada arroyo. Construyó además con esfuerzo y tesón una familia fuerte y unida. Al final Ildefonso murió como vivió, sonriendo y feliz rodeado de aquellos que más le querían. Su recuerdo, el de un gran hombre, ya resuena en los más puros acantilados de aquella Castilla eterna a la que tanto quería. Porque, como decía el gran mago de las palabras Jorge Luis Borges, la muerte es una vida vivida y la vida simplemente una muerte que viene. Descansa en Paz allá donde estés. Por aquí te echaremos mucho de menos.

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"A qué esperas para comenzar a caminar buscando realmente el sentido de la vida?

Todos tenemos problemas. Si no los tuviéramos deberíamos de preguntarnos si realmente estamos vivos. Porque la vida, al fin y al cabo, no es un camino de rosas. Creo que eso lo sabemos todos. Vivir implica caminar tratando de respirar un aire nuevo que nos permita vislumbrar que camino debemos de seguir. Porque de eso va esta historia, de caminar siempre con botas nuevas tratando de entender cuál es nuestro lugar en este mundo. Porque, aunque tal vez  no lo creas, ese lugar existe y sólo puedes encontrarlo tú. Y sí, todos tenemos problemas. Es más, te diría con toda seguridad que en el fondo tenemos los mismos problemas. Tienen mucho que ver con nuestros trabajos, con nuestras relaciones sociales, con nuestras familias y también, y esos son los peores, con nuestra salud. Todos, en un momento u otro, hemos deseado con toda el alma cambiar nuestras vidas. Algo que ocurre cuando la melancolía y la tristeza se adueñan de nuestros corazones no dejando que nuestra alma dirija su mirada en la dirección correcta. El problema sobreviene cuando esa voluntad de cambio que tiene que ver con el presente se aferra a ese pasado que es el que nos hace enfermar. Es entonces cuando saltamos al cuadrilátero sabiendo de antemano que ya estamos derrotados. Sabemos y somos conscientes de que vivir en el pasado o en el futuro es simplemente una ilusión. Es algo así como esa brisa que acaricia tu piel sólo por un instante dejándote un recuerdo de algo que ya se fue, que desapareció. Por eso, cuando los problemas golpean nuestra alma, la voz interior que todos tenemos trata de guiarnos llevándonos al momento presente para tratar de vivir de verdad nuestras vidas. Sólo el ahora importa, ese ahora que todavía nos permite soñar con cambiar esa tristeza y esa melancolía transformándolas en nuevos sueños, deseos e ilusiones. Por eso desde aquí, desde esta humilde columna, te animo a que no pienses más. Deja de pensar. Deja de hacerte daño hiriéndote con pensamientos y sentimientos a los que no pones solución. No pienses, actúa. Muévete. Hazlo y hazlo ya sin dejar nada para mañana, sin regresar a ningún lado buscando respuestas a preguntas in solucionables. Aprende a vivir, sentir, amar, abrazar, besar y soñar pero eso sí, hazlo en el ahora. En este mismo instante. Reflexiona sobre los latidos de tu corazón. ¡Estás vivo! Siéntelo, disfrútalo. ¡Vives y eso es realmente lo único que importa!. Porque quién sabe cuánto tiempo seguirás así. La vida es un regalo maravilloso. Disfruta de ella mientras puedas y seas consciente. Tal vez mañana no estés aquí. La vida es el presente y el camino en el presente es la única solución a tus problemas. Asi que ¿A qué está esperando para comenzar a vivir y caminar?

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Mario Benedetii, el gran mago de las palabras

MARIO BENEDETII

Tagore, el gran filósofo y escritor indio definió a la poesía como el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos. Y es que en verdad la poesía es esa llama que ilumina nuestra alma ofreciéndole un camino de esperanza a través de la oscuridad. Una melodía maravillosa que hace bailar a nuestro corazón que sonríe latiendo una y otra vez, como un tambor que acompasa nuestro espíritu dándole amor y tranquilidad. Creo que fue mi abuela María Luisa Piernavieja quien me enseñó a amar la poesía. Yo era muy niño pero la recuerdo recitando en la casa vieja algunos de los mejores poemas de todos los tiempos. Con una pasión dulce, desenfrenada y eterna. Cantándole a los árboles, a los pájaros, a los ríos, al amor, al desamor, a la felicidad, a la tristeza y también a los sueños y la esperanza. Si, la poesía es la estrella que afortunadamente todavía guía a este mundo atormentado que está perdiendo el rumbo y encontrando el caos. Por eso, a pesar del sufrimiento, del dolor, de las guerras, de los engaños y de un sistema que nos esclaviza, yo todavía creo en la poesía. Y de entre todos los que aquellos que se atrevieron a ser poetas a pesar de la soledad y del frío de las almas me quedo con el gran poeta uruguayo Mario Benedetti. Estamos ante un escritor, dramaturgo y periodista con mayúsculas que formó parte de la Generación del 45 y que escribió más de ochenta libros, muchos traducidos a más de veinte idiomas. Pues bien Benedetti para mí es un pensador que siempre fue capaz de explicar los conceptos más complejos de la forma más sencilla ofreciéndonos auténticas lecciones de vida literarias. Les dejo aquí con algunos de sus mejores pensamientos para que reflexionen, si lo desean, sobre el rumbo al que se dirigen sus propias vidas. Porque si algo anhelamos todos los hombres es alcanzar y mantener la auténtica felicidad. En este sentido el maestro insiste en que para ser verdaderamente feliz con alguien sin duda alguna lo mejor es aprender a ser feliz solo. Así la compañía es una cuestión de elección y no de necesidad. En cuanto a cómo vivir plenamente nuestras vidas el poeta insiste en que hay que evitar tras figuras geométricas: los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas. Porque la realidad que vivimos no es otra cosa que un manojo de problemas sobre los cuales nadie reclama derechos de autor. Si habito en tu memoria no estaré solo. Se que voy a quererte sin preguntas y también se que voy a quererte sin respuestas. Y es que de pronto nos sentimos prisioneros de una circunstancia que no buscamos, sino que nos buscó. Porque al final, en definitiva, la muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros siempre nos quedamos con lo que tuvimos.

Recordando al gran empresario Ruperto Casanueva, el gran gestor de los Quesos Sierra de Lara

FINCA DE LA VIÑA

La gran escritora francesa George Sand acertó de pleno al afirmar que el recuerdo es el perfume del alma. Sin recuerdos no hay sonrisas y tampoco lágrimas. Sin recuerdos somos almas en pena que vagamos sin conocer de dónde venimos y a dónde podríamos ir. Yo vivo intensamente mis recuerdos. Plenamente consciente de que quedaron atrás y ya jamás podrán formar parte de mi vida y mis sueños en el presente. Aun así, mis recuerdos suelen estar íntimamente unidos a los de mi madre. Para bien o para mal tenemos almas gemelas que suelen transitar los mismos caminos y a veces a la misma velocidad. Mi madre es como una enciclopedia de los recuerdos. Su memoria prodigiosa lo guarda todo. Los nombres, los momentos, las palabras, las emociones y también los sentimientos. Pues bien, hace apenas una semana leía en Diario de Burgos un buen artículo (que recomiendo leer) del 16 de agosto firmado con las iniciales P.C.P que informaba sobre la venta de la empresa Sierra de Lara, la última gran quesería de la Demanda situada en Salas de los Infantes. En el artículo se desgranaba que su fundador fue Ruperto Casanueva, natural de la localidad cántabra de Arnuero que antes se estableció en la localidad alavesa de Izarra donde fue el pionero en la fabricación de queso industrial. Después serían sus hijos los que junto al patriarca se establecerían en los años 90 en la ciudad del Arlanza. En sus más que exitosos primeros años llegaron a contar con un rebaño con más de 1000 cabezas y a elaborar unas 70 toneladas de un producto exquisito que distribuían en Burgos, Navarra y el País Vasco. Al conocer la noticia, lo primero que hice fue preguntar a mi madre por la familia y sobre todo por el patriarca, ya fallecido, Ruperto Casanova. Ella me habló de un hombre sencillo, honesto, abierto, agradable, sensato, cercano y muy humano. Un auténtico empresario a la antigua usanza. De esos de agarrón de manos firme y semblante sereno. Un comercial que ofrecía quesos que destacan por su sabor, suavidad, personalidad, textura, equilibrio y fuerza. Pues bien, la explotación ganadera ya está a la venta en varios portales de internet. Hablamos de una parcela de 15 hectáreas que cuenta con una nave de 3.780 metros cuadrados equipada para la explotación de ganado ovino que tiene además diversas estancias. Del mismo modo también hay varias construcciones auxiliares, la fábrica de quesos, un vivienda anexa y otra a reformar. Espero y deseo de todo corazón que algún emprendedor o empresario se anime a hacerse con la que era una de las mejores queserías del norte de España. De forma que el gran legado dejado por Ruperto Casanueva y sus hijos no caiga en el olvido.

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"Necesitamos ayuda pero no un papa Junta o papa estado que nos tutele"

INCENDIO EN SILOS

El pasado 25 de julio el infierno desató su ira sobre la comarca del Arlanza en la provincia de Burgos. El precioso pueblo de Santibáñez del Val sufrió las peores consecuencias ya que muchos de sus inmuebles fueron arrasados. El voraz incendio que abrasó cerca de 3.000 hectáreas calcinó además una parte importante del Parque Natural Sabinares del Arlanza y la Yecla obligando a desalojar Santibáñez del Val, Santo Domingo de Silos, Carazo, Villanueva y Hacinas. Los medios de comunicación daban cobertura provincial, regional y nacional de la noticia. Y entre todos los artículos y reportajes destacaba la entrevista de Rosana Lanviada en Es.Radio a la alcaldesa de Santibáñez del Val Ana María García. De forma honesta, equilibrada y sencilla la regidora iba desgranando, a su parecer, cuál hubiera sido la mejor manera de hacer frente a tan devastador incendio. Dejando claro además qué papel deben tener los pueblos y las comarcas en la gestión de los que deberían ser sus recursos. Os dejo aquí algunas sus declaraciones. No deben servir sólo de reflexión. Deben llevarnos, de la manera que sea, a la acción en un momento en el que nuestra madre tierra está agonizando y nos pide ayuda. Porque como decía el poeta Gary Snyder la naturaleza no es un lugar para visitar, es nuestro hogar. Estás fueron sus reflexiones. “Marlaska, el ministro del Interior nos prometió públicamente que nos iba a dar dinero para reconstruir la zona. Yo le dije que necesitamos ese dinero pero que los gestores debemos ser nosotros. No necesitamos que nos tutele la Junta y el estado en nuestra reconstrucción. Estas cosas no sucederían si se diera más control o responsabilidad a los que estamos en el medio rural. Los montes no están limpios. Si el dinero lo gestionáramos desde la localidad o desde la comarca tendríamos buenos equipos forestales y de limpias y estas cosas hubieran sido menores. Además no podemos dejar que cuando estamos sofocando el incendio de nuestra casa vengan a echarnos. Somos personas mayores de 18 años y podemos coger la responsabilidad y asumir el riesgo de quedarnos. Allí donde se ha quedado la gente han salvado sus casas. No se implica a los municipios y a las comarcas en la gestión de los recursos. Nosotros para cortar un árbol al lado de la ribera del río por necesidades tenemos que pedir permiso a la Confederación Hidrográfica. A veces esos permisos llegan tardísimo y no podemos gestionar de la forma que queremos. No necesitamos tutela, necesitamos ayuda. Somos gente mayor que sabemos dónde vivimos, que recursos tenemos y cómo tenemos que emplearlos. No necesitamos un papa Junta o un papa estado que nos tutele”.(Ana María García).

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Puedes escuchar la entrevista AQUÍ. 

La película de toda una vida, los Goonies.

FOTO DE LOS GOONIES

Federico Fellini está considerado el cineasta de postguerra más importante de Italia. Durante su prolífica carrera ganó cuatro premios Óscar a la mejor película extranjera y en 1993 fue galardonado con un Óscar honorífico por toda su carrera. Pues bien, Fellini solía decir que un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador. Porque el cine es un regalo maravilloso. Un presente divino que podemos desenvolver una y otra vez para vivirlo de nuevo. El cine es un billete de tren para viajar en el tiempo. Disfrutando de historias que siempre mantienen su magia y su esencia. Por eso hoy, con su permiso, quiero recomendarles una de las grandes películas que marco mi infancia. Un film único que es perfecto para disfrutar en familia, con los amigos o en soledad. Se trata de “Los Goonies”, una película de aventuras de 1985 dirigida por Richard Donner y escrita por Chris Columbus con una idea original del gran Steven Spielberg. Y es que recuerdo perfectamente la primera vez que la vi. Fue en 1986 con ocho años disfrutando de unas palomitas en el cine teatro del hoy extinto colegio San José en Salas de los Infantes. Fue tan brutal su magia que todavía a día de hoy sueño con muchas de las escenas que dan vida a este fantástico film. Solo les diré, porque no quiero reventarles el argumento, que habla sobre la amistad, el amor, el compromiso, la valentía y el honor. Los Goonies son un grupo de amigos que viven en Astoria, un pueblo costero de Oregón en Estados Unidos. Ante la inminente pérdida de sus casas, de sus raíces y de sus recuerdos, se lanzan a una aventura maravillosa que podría cambiar el rumbo fatal de su destino. Sus nombres en la película han pasado a la historia. Mikey, Brand, Gordi, Data, Bocazas, Andy, Stef, los Fratelli, Irene y el señor y la señora Walsh. Si la película en sí misma es una obra de arte, su Banda Sonora Original no se queda atrás. El tema principal de la película es “The Goonies ‘R’ Good Enough”. Lo interpreta la cantante estadounidense Cyndi Lauper, considerada a día de hoy un “Icono Pop”. En 2017 los Goonies fue considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa” por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. Así que tengan niños o no y tengan la edad que tengan, de verdad, de todo corazón, tomen asiento en las butacas de sus casas y vean esta mágica y maravillosa largometraje. Porque esta película es en si misma como el mejor de todos los vinos. Durar dura un instante, pero te deja un sabor a gloria inmortal.

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Un oficio histórico en Castilla y en España, el del peón caminero

MONUMENTO AL CAMINERO

Mi abuela María Luisa Piernavieja, a la que echo muchísimo de menos, más de una vez me habló de Narciso, el caminero de Jaramillo Quemado. Para que puedan situar la historia, Narciso  era el abuelo de David Sebastián, uno de los empresarios más conocidos, queridos y respetados de Tierra de Lara, Pinares y la comarca del Arlanza. En palabras de mi abuela, Narciso era un hombre sencillo, amable, muy cercano y sobre todo muy trabajador. Pues bien,  si uno se detiene en el pinar de Salas de los Infantes, muy cerquita de la entrada al pueblo, podrá observar un monumento de enorme elegancia que homenajea al oficio del “caminero”. Déjenme que les cuente resumidamente cuál es su historia. El cuerpo de peones camineros fue creado en España en 1759. Su misión era la de conservar y mantener las carreteras en todo el territorio nacional. Los peones camineros estaban en el escalafón más bajo entre los funcionarios del estado. Su trabajo era muy exigente y estaba mal remunerado. Trabajaban casi sin descanso y de sol a sol siete jornadas semanales en invierno y en verano. Siempre dedicados a un trozo de carretera con la longitud de una legua (5,5 kilómetros). Trozo que recorrían a pie para efectuar las reparaciones que fueran necesarias con utensilios y herramientas muy rudimentarias. Aun así, la profesión tuvo buena reputación. Los peones camineros eran funcionarios que podían conservar su trabajo hasta la jubilación y que percibían regularmente su salario. También recibían una vivienda estable, muy humilde y mal acondicionada y aislada siempre junto al sector de carretera encomendado. Pero que era, en sí misma, una vivienda gratuita al fin y al cabo. Eran conocidas como casillas de peones camineros y proliferaron por todos los rincones de España hasta el punto de ser un elemento característico del paisaje de nuestras carreteras. En esencia había dos modelos si eran para uno o tal vez para dos peones y sus familias. Hablamos de construcciones muy elementales que tenían, la mayor parte de las veces, un patio o corral en la parte de atrás que servía para el cultivo agrícola o muchas veces también para el engorde y crianza de animales para el sustento de aquellos que habitaban en ellas. También era muy común en estos corrales encontrar pozos de los que siempre manaba agua potable que se usaban para el regadío y el suministro de los residentes. Con el inevitable desarrollo de las comunicaciones y de la maquinaria de obras públicas el oficio terminó por desaparecer a mediados del siglo XX. Eso sí, dejando una huella profunda en nuestra historia más reciente. Porque como solía decir con acierto el escritor belga Maurice Maeterlinkc “el pasado siempre está presente”.

 

De vacaciones con los "Fernán" en los años ochenta

DE VACACIONES CON LOS FERNAN

Trata de llevar tu infancia contigo y nunca envejecerás. Esta frase del gran dramaturgo Tom Stoppard suele acompañarme en los días en los que la nostalgia tiene cita con el silencio. Nuestros recuerdos son siempre un billete en tren de primera para regresar a aquella isla solitaria y tranquila que era nuestra infancia. Creo que tenía cinco o seis años. Eran los comienzos de los recordados y mitificados años ochenta. Yo era un pequeño cabroncete de pelo tizón al que le gustaba jugar y desafiar a la vida como quién desafía a un gigante invencible. Eran mediados de septiembre. El sol ya comenzaba a batirse en retirada disminuyendo su orgullo y su ego de gran Dios. Nosotros, los Martínez Rica, aprovechábamos aquel mes para disfrutar de unas merecidas vacaciones. Mis padres, que vivían lo mejor de su amor y juventud, trabajaban de sol a sol en la Carnicería que teníamos en la plaza mayor de Salas. Por eso las vacaciones se antojaban como un pequeño regalo después de un intenso año de trabajo. Las maletas, de diferentes colores y tamaños, apilaban todos los achiperres necesarios para disfrutar del mar de levante. Bañadores, cremas, camisetas, chanclas, manguitos y la radio para la playa. El ambiente era de fiesta. En la calle, en un día donde el calor nos saludaba alegremente, nos esperaba la furgoneta citroen color miel de mi padre. Junto a ella la familia Cuadrado. Ordenados sujetando sus maletas sonrientes como si posaran para el spot de la Casera. El Fernán y la Pauli y sus niños Belén, Fernando, Pedro y Ana. Y es que el Fernán y mi padre eran dos muy buenos amigos y nosotros, los niños, simplemente seguíamos la estela. Tras los abrazos, los besos y algún que otro puntapié, montamos en aquella furgoneta de gitanos para emprender la aventura. En el suelo, los colchones algo desvencijados nos servían para acomodarnos en un viaje que parecía eterno. Aun así, el ambiente era tremendo entre juegos, pillerías, chistes y algún que otro pedo. Sobre un tapete improvisado los bocadillos. De tortilla casera, jamón serrano, chorizo de pueblo, salchichón y también de chocolate. Para beber Kas fresquito de naranja y de limón. Y para bailar y disfrutar música ligera de José Luis Perales, Julio Iglesias, Bertín Osborne, los Chichos, los Diablos y los Pecos. Un viaje inolvidable y más para un niño revoltoso, inquieto, bullicioso y retozón. Al llegar, de noche, la luna nos sonrió dejando claro que ya habíamos arribado a nuestro destino, la maravillosa ciudad de Benalmádena. Ahora sólo quedaba conquistar su arena dorada, sus playas salvajes y vivir aventuras subidos a una colchoneta desafiando a las olas del mar. ¿Será verdad que si llevas tu infancia contigo nunca envejecerás?...

Apunten: queremos una solución y la queremos ya. Arreglen la variante de Salas de los Infantes

VARIANTE DE SLAS DE LOS INANTES

Hace apenas un mes, la noticia salía en todos los medios de comunicación provinciales y regionales. TuVozenPinares, como no podía ser de otra manera, daba también la voz de alarma.  Se volvía a cortar la Nacional 234 en la entrada a la ciudad milenaria de Salas de los Infantes. Y todo para volver a parchear (por llamarlo de alguna manera) un tramo de carretera que alcanza los tres kilómetros y medio. Pues bien si uno se toma la molestia de acudir al diccionario podrá observar que parchear significa simplemente poner “parches”. Si además, uno va un poquito más allá y busca el significado de “parche” obtiene la siguiente definición: Un parche es un trozo de tela, papel. Plástico u otro material flexible y resistente, que se pega sobre una superficie para tapar un agujero o una rotura. Por eso, mi reflexión es la siguiente: ¿Cuántos parches habrá que seguir poniendo en ese trozo de la variante de Salas para solucionar este problema? Porque así llevamos muchísimos años. Tiempo en el que vemos, por desgracia, que nada se soluciona. Años de un abandono total por parte de las instituciones. Años en los que entramos y salimos de Salas nos estamos literalmente jugando la vida. Hace apenas un mes el ayuntamiento de Salas emitía una nota informativa para que los vecinos supieran de las obras en el tramo. Aun así, el alcalde Francisco Azúa ya avisaba de que no debíamos hacernos ilusiones. Y desde luego con esta afirmación acertaba de pleno. Lo cojonudo de todo es e que el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana es “consciente del estado del firme en ese tramo”. Así lo reconoció en una respuesta parlamentaria a los senadores Javier Lacalle y Cristina Ayala. Eso sucedió en noviembre de 2020, cuando aseguraba que se estaban “llevando a cabo las actuaciones técnicas preparatorias de una actuación más global en toda la variante para eliminar los deterioros existentes”. Una actuación que se estima tendrá una inversión de 3,5 millones de euros. Desde entonces, nada ha cambiado. Y esa, por desgracia, es la noticia. Los parches, una vez más, no han servido de nada. El firme de la carretera sigue siendo un desastre que pone en peligro vidas humanas todos los días. Salir y entrar a Salas, literalmente, es jugarse la vida. Creo que ya está bien. Que ya basta. Que estamos hasta los cojones. Y que nos da igual el color político que tenga que solucionar este problema. Queremos y merecemos una solución. Y la queremos ya. Arreglen ya ese tramo de carretera. De no ser así tenemos que ir pensando en tomar medidas más drásticas. Tal vez esa sea la única manera de que realmente se escuche nuestra voz.

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"El autobús con baca" de Don Roberto Alonso Olalla

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Recordar es volver a calzar aquellas botas que todavía quedaron machadas de barro. Recordar es retroceder a la luz de una vela aquellos caminos que ya dejamos atrás. Recordar es asistir a la boda del pasado y del presente soplando con mimo las velas de nuevo pastel. Hoy quiero, si me lo permiten, recordar al gran investigador de Hacinas Roberto Alonso Olalla. Y quiero hacerlo dejando escrito aquí “El autobús con baca”, una de las historias que componen su maravilloso libro “50 relatos sobre personajes, sucesos y temas populares de la comarca serrana”. “Los primeros autobuses en la provincia de Burgos datan del año 1907. En Salas de los Infantes había en el año 1927 dos camionetas de seis y ocho plazas para el transporte de viajeros. Eran propiedad de Adalberto Bengoechea y Francisco Ibáñez y seis conductores locales a los que el ayuntamiento advertía si sobrepasaban los 20 kilómetros hora exponiéndose a fuertes multas. Los coches de línea en aquella época eran muchos de segunda mano y modelos muy anticuados. Debido a la carencia de gasolina, usaban como combustible el gasógeno. Para ponerlos en marcha, el chofer dejaba  la puerta abierta mientras daba vueltas a una manivela que había delante del motor. Cuando se ponía en marcha entraba en el vehículo que arrancaba introduciendo la velocidad y apretando el acelerador. Las carreteras eran caminos sin firme y el autobús dejaba una estela de polvo cuando arrancaba que ponía a los viajeros y curiosos perdidos de suciedad. En aquella época el autobús tenía en la parte superior una baca, soporte donde se podían colocar los equipajes y acomodarse los viajeros en caso de haberse ocupado el de la planta baja. Allí sufrían el calor en verano y la lluvia, la nieve o el frío en invierno. Un día colocaron en la baca un ataúd que habían encargado a una funeraria en Burgos para un enterramiento. El autobús iba lleno hasta los topes de viajeros y en una parada se subió un cliente que no tenía sitio y tuvo que subirse a la baca. Llovía intensamente y al viajero, sin paraguas, no se le ocurrió mejor idea que meterse en el ataúd para protegerse del agua. En una nueva parada, otro viajero subió a la baca y ya en marcha, el que estaba metido dentro del ataúd levantó un poco la tapa para respirar y sacó la mano para ver si escampaba a la vez que exclamaba: “¿Ha dejado ya de llover? Esto que vio y oyó el segundo viajero, creyendo que el muerto estaba vivo, horrorizado saltó de la baca y se lanzó, sin pensar en las consecuencias, al vacío, dándose tal golpe contra el suelo que terminó en el hospital.

Como diría el gran poeta inglés Percy Shelley “cuando las voces suaves mueren su música vibra aun en la memoria”.

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¿Me ayudáis a buscar un tesoro?

ALFONSO, APOLO Y MARGARITA

George Sand, novelista y periodista francesa, solía decir que el recuerdo es siempre el perfume del alma. El recuerdo visto como un tren del tiempo en el que viajamos con maletas llenas de sueños y nuevas ilusiones. Allá por 1998 yo era un jovencito imberbe, aventurero y alocado que estudiaba con pasión periodismo en la Universidad de Navarra. Allí coincidí con otro gran periodista Daniel Mediavilla, natural de la preciosa y singular localidad de Castrillo de la Reina. Aquel año, mucho viernes tras disfrutar de un buen café, volvíamos a la “tierruca” en mi primer coche, un fiesta blanco de corazón joven e indomable. Al llegar a Casa Eugenia, su hogar, sus padres Margarita y Apolo me recibían como si fuera otro más de la familia. Doña Eugenia, la abuela, siempre me invitaba a pasar al saloncito donde me esperaban tres platitos del mejor embutido que yo haya probado jamás. Era Eugenia una mujer serrana, cercana, amable, humilde, de fuertes convicciones y de enorme corazón. Pues bien, y esta es la historia, su hija Margarita dejó hace ya unos meses un libro en la tiendecita de mi tía Mayte en Salas de los Infantes. Y lo hizo con una nota manuscrita en la que me pedía un gran favor, investigar el origen de la protagonista del mismo.

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Su título es “El Gen Rojo” y su autora es Greta Mol y ella misma se presenta así “Soy Cristina Molina Gómez, alías Greta Mol, un tren de largo recorrido con paradas y marchas en muchas estaciones: hija, colegiala, esposa, madre, viuda, sanadora, deportista, contralto, coreógrafa, senderista y amante. Ahora me he parado en la de escritora porque quería sacar de la oscuridad del pasado a Cristina, nuestra desconocida abuela. Ella me contó cosas de su vida y yo la he novelado con el rigor de sus fotos, de las poesías de su hija Eugenia, de conversaciones con sus otros nietos y con la ayuda para recrear el entorno de esos años de Google”. El primer párrafo del libro aclara que la casona en la que vivía su abuela era heredada, tenía dos pisos y estaba situada en las afueras de Salas. Mi investigación ya ha comenzado. Me siento, por qué no decirlo, como los uno de los “Goonies” junto a Sloth buscando el barco llenos de oro, esmeraldas y diamantes de el gran Willy el Tuerto. Sin embargo, todavía no he conseguido descifrar en este caso el mapa del tesoro. Por eso, desde ésta que es mi humilde tribuna, os pido de todo corazón que me echéis una mano para averiguar quién fue y dónde vivió en Salas Cristina Gómez. Yo, por mi parte, trataré de entrevistar a Greta Mol, la autora de este maravilloso y enigmático libro. Que su recuerdo y este recuerdo sean sin duda el perfume del alma de una historia tan bonita.

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"Recordemos como se merece al gran pintor Don José María del Río Moreno"

IGNACIO DEL RIO MORENO

Decía el novelista francés Víctor Hugo que el recuerdo es siempre la presencia invisible. Permítanme por lo tanto hacer visible y recordar a Don José María del Río Moreno, un artista excepcional injustamente ignorado en la historia del arte de España. Y déjenme además hacerlo homenajeando con humildad a los hermanos Diego y José Montero de Salas de los Infantes. Ellos son los responsables de un maravilloso documental que rescata la vida y obra de nuestro más insigne pintor. Un trabajo fantástico del que me nutro para poder escribir estas líneas. Don Honorato del Río Bengoechea fue un acreditado industrial de la restauración y de la hostelería. Viaja a Madrid por un anuncio en prensa para poder allí conocer a su esposa. Con ella tendría felizmente a sus hijas Aurora e Isabel y al niño al que llaman José María. Durante esos primeros años del siglo XX la familia hace fortuna en Madrid. José María crece en un ambiente acomodado junto a artistas, poetas, directores de cine y teatro, actores y políticos. Pronto despunta como dibujante y pintor. Retrata a los clientes de los locales de la familia ay visita a los grandes clásicos del Museo del Prado. Ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y se empapa de la pintura de vanguardia de los años 30.

En un viaje a Salas en 1929 su padre le compra a los herederos de Don Hilarión Real el solar donde se encontraban las ruinas de la casa de los Siete Infantes de Lara. Allí construye un palacete de época afrancesado. José María crea su estudio en la planta baja, en lo que hoy es el salón de actos. Conocidas y veneradas eran sus fiestas con música en directo con el famoseo de Madrid. Conocidas eran sus fiestas con música en directo con el famoseo de Madrid. Pasan por allí Antonio el Bailarín, el gran músico Ataulfo Argenta o el fantástico actor José María Caffarel. Es arrestado en varias ocasiones en Madrid por su condición homosexual a finales de los sesenta y principios de los setenta. Vive entonces periodos de angustia, penuria y tristeza y termina por quitarse la vida en Madrid el 2 de abril de 1972. Deja escrito que desea que el Palacio sea del pueblo de Salas y es así como sus hermanas en 1975 se lo venden al ayuntamiento por la irrisoria cifra de ocho millones setecientas mil pesetas siendo alcalde Don Julián Ruiz. Este año se cumplen 50 años de su muerte. Tenemos la obligación, como bien dicen los hermanos Montero, de homenajear a José María del Río Moreno, nuestro artista y pintor más universal. Cedamos una sala de nuestro teatro para poner allí su obra de forma permanente y elaboremos un catálogo bien documentado. Que el recuerdo, como Decía Víctor Hugo, sea siempre su presencia invisible.

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Puedes ver el documental de los hermanos Montero tecleando aquí. 

 

"Cuidado que podría llegar el terror a nuestras vidas con el fantasma de la Estanflación"

Decía el gran científico británico Charles Darwin que uno de los errores de la historia es que esta se repite. Y al hacerlo, nos condena una y otra vez a vivir encarcelados en actos atroces que se repiten. Viajemos al pasado con maletas llenas de presente. Aquel 6 de octubre de 1973, día del Yom Kipur o del Perdón para los judíos, las tropas árabes de los países vecinos lanzaron un ataque armado a gran escala contra Israel. Tras semanas de sangre y sufrimiento en intensos combates, Israel con el apoyo logístico de Estados Unidos se hizo con la victoria recuperando su honor y su hegemonía territorial. Tras la dolorosa humillación, las naciones árabes decidieron emplear el petróleo como un arma económica bloqueando totalmente los envíos previstos a las naciones aliadas de Israel. Los precios, en cuestión de pocas semanas, se triplicaron y siguieron aumentando durante meses y años. El ostión económico global fue demoledor terminando con la larga y fructífera etapa de crecimiento económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial. El fantasma de la Estanflación comenzó a alertar a todas las economías, incluyendo la de España. Un cáncer que combina la inflación y el estancamiento económico que produjo un desempleo brutal acompañado de un fortísimo descenso del Producto Interior Bruto. Las rentas familiares se sumieron en un abismo y los ciudadanos dejaron de tener poder adquisitivo. La recuperación entonces fue cruel, larga y muy dolorosa.

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"Todos estáis por supuesto invitados a cumplir vuestros sueños y proyectos de vida en nuestros pueblos"

CENSO ELECTORAL

Decía Tucídides, el historiador y militar ateniense que la historia no es sino un incesante volver a empezar. Caminar con botas nuevas observando el ocaso de lo recorrido a través del prisma del tiempo y la inmortalidad. Viajemos al pasado ligeros de equipaje para entender lo que sucede en el presente. Hoy sabemos que los censos más antiguos se crearon en Egipto durante la Dinastía I del año3050 antes de Cristo. En China el gran emperador Yao ordenó elaborar un censo general que recogía fielmente datos sobre la actividad agrícola, industrial y comercial del país. Data del año 2238antes del nacimiento de Jesús. Así se puede observar que en las antiguas civilizaciones como Babilonia, Egipto, China Roma era normal que se elaboraran recuentos de la población. En España el primer censo del que se tiene constancia es el de Quintanilla o censo de1482, según la fecha que le asignó Tomás González al dar la primera noticiade él en 1829. Habría sido realizado por Alonso de Quintanilla que era por aquel entonces el contador mayor de cuentas de los Reyes Católicos. Lo que se conoce de dicho censo es lo que consta en un documento de cuatro folios conservado en el Archivo de Simancas, el llamado Apuntamiento de Quintanilla, escrito de su puño y letra sin fecha, pero probablemente redactado en 1493, tras la toma de Granada. Regresemos al presente. Vamos a analizar cómo están los censos de algunos de nuestros pueblos a día de hoy. Vamos primero con las malas noticias. Todas las cabeceras caen. Lo hace la preciosa localidad de San Leonardo de Yagüe que pierde 12vecinos en 2021 con respecto a 2020 si-toándose en 2042 habitantes. Lo hace también la ciudad milenaria de Salas delos Infantes se sitúa en 1980 censados, siete menos que en 2020. La histórica localidad de Quintanar vuelve a perder habitantes y se sitúa en 1596, siete me-nos que en 2020. Y es Covaleda la que sufre el mayor retroceso con la pérdida de 23 vecinos con respecto a 2020 situando su población en 1621 habitan-tes. Sin embargo, también tenemos muy buenas noticias. La maravillosa localidad serrana de Vilvestre tiene 532vecinos, 16 más que en el periodo anterior. La histórica localidad de Huerta de Rey también suma situando su población en 908 habitantes, siete más Queen 2020. Barbadillo del Mercado gana cuatro situándose en 144 habitantes. Por su parte Barbadillo del pez logrados censados más llegando a la cifra delos 65 y Palacios dela Sierra consigue un vecino más situándose en los 702.Queda así muy claro que la lucha por la supervivencia de nuestros pueblos y del mundo rural continúa. La consigna es clara y muy sencilla: hoy tenemos que aprender a vencer. Mañana lo haremos.(Ivan Yakovich Franco).