Al encuentro con el bienestar
No sé si la educación que hemos recibido y la que se practica en la actualidad redimen las deficiencias en nuestras relaciones humanas.
No sé si la educación que hemos recibido y la que se practica en la actualidad redimen las deficiencias en nuestras relaciones humanas.
Según García Lorca, “el más terrible de los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza perdida”. Aún en mis edades tardías quiero levantar la mirada y el ánimo hacia otros horizontes de mayor ilusión en la repoblación rural. Nada es imposible.
En el tránsito de mi vida como Maestra de Escuela debo reconocer que en mi didáctica de la enseñanza de los diferentes conocimientos primarios he valorado los hábitos de comportamiento tanto como el aprendizaje de la materia.
Un sol venturoso rasga las sombras y dora las paredes de las casas en las primeras horas de la tarde.
Singularizo el titulo de este escrito porque nunca seré yo sin mis raíces. Mis orígenes están unidos al pinar de Neila, nombre que también llevo en las entrañas.
Conocemos bien los diferentes tañidos de las campanas de las torres de nuestras iglesias. Sabemos de los volteos en los días de fiesta mientras discurren las procesiones y rezos callejeros.
Iniciamos un año más en el camino de nuestras vidas y es mi deseo dejar escrita la palabra “felicidad” para todos mis paisanos.
Guardamos en nuestras alforjas del vivir todos los relatos de nuestra existencia en un cúmulo de historias y acontecimientos.
Estamos en pleno declive otoñal y con un cambio de hora que será plausible para otras demandas pero a mí no me gusta.
En el monólogo del personaje Hamlet, obra de teatro de Shakespeare, sitúa la vida y la muerte en una profunda disyuntiva entre existir o no existir; estar o no estar; vivir o morir… “Ser o no ser, esa es la cuestión”.
Se utiliza la expresión: “Había una vez…” para iniciar un cuento ideado para el desarrollo imaginativo de los niños.
Se ha vivido con gran repercusión mediática el incendio de los territorios próximos al emblemático pueblo de Santo Domingo de Silos y con repercusiones desoladoras en los pueblos de Quintanilla del Coco –origen del fuego- Santibáñez del Val, la Yecla, los Sabinares de Arlanza, y otros edificios y enseres de mucha estima para sus habitantes.
Al contemplar las imágenes de tantos incendios que están asolando el suelo español, veo a mi tierra cual niña inquieta que nos viene diciendo al oído que tiene miedo. Mucho miedo a los incendios.
Hago esta reflexión cuando evalúo mis comportamientos actuales y hago comparaciones sucesivas con la experiencia del vivir a través de los años.
Uno de los componentes semánticos que encierra la palabra “primavera” responde al inicio de una feliz entrada, tanto en los comportamientos humanos, como en los diversos formatos de la flora y fauna de nuestra tierra.
Es común en las personas mayores volver la vista atrás y remover en la memoria cualquier tiempo pasado porque, a nuestro parecer, como diría el poeta Jorge Manrique, siempre fue mejor.
En mi contexto vital anida ese lenguaje pastoril aprendido en la infancia y rememorado en el libro “Sombras de majadas”.
Esta expresión del título no es de mi propiedad, sino de un señor de edad similar a la mía, Carlos San Juan, profesor universitario y vicepresidente de los urólogos valencianos.