Entrando en la primavera
Entramos en la primavera, 20 de marzo, cuando la duración del día solar se iguala a la noche. Equinoccios de primavera y otoño y solsticios de verano e invierno.
Entramos en la primavera, 20 de marzo, cuando la duración del día solar se iguala a la noche. Equinoccios de primavera y otoño y solsticios de verano e invierno.
Tengo entre las manos un libro muy interesante de Eduardo Punset, “Por qué somos como somos” en el que dedica un capítulo entero a la educación de los sentimientos.
Mi amor a los pinos lleva un tanto de desmesura. No entiendo de genética más que aquello que lleva al parecido físico y anímico con hermanos, hijos, nietos y parientes próximos.
Hemos entrado en el nuevo año embutidos en un frío polar ártico con descenso acusado de las temperaturas. Sabemos de frío y nieve. Sabemos de cocinas de leña y de arrimarnos al calor de la lumbre. Hemos pasado los años caminado por nuestras vidas, por nuestros recuerdos, por los avatares vividos para la limpia de caminos y carreteras llenas de nieve hacia el encuentro de una existencia llena de vitalidad y buen ánimo.
Estamos entrando en el invierno, cuando el sol alarga las sombras y apenas roza los aleros de los tejados de las casas. Su aliento cobrizo se recoge con apremio en las solanas antes que la negrura de la noche tiña de oscuro las tardes menguadas de luz.
“Las vidas son ríos que van a dar al mar, que es el morir”. Inicio esta opinión con la metáfora de las coplas de Jorge Manrique a la muerte de su padre. A mi edad y en el contexto orográfico anidado en mi campo emocional puedo hablar de muchos arroyos que se unen a otras corrientes de agua y se transforman en riachuelos.
Estamos viviendo una estación otoñal rara. Se han perdido los matices de los colores otoñales aunque en nuestra tierra por ser el lugar privilegiado donde el oxígeno emana hacia la atmósfera, algunos chopos y brezos visten su frondosidad de amarillo.
No soy experta en temas de psicología para opinar de problemas mentales. Sólo puedo hablar de la realidad vivida en el ámbito personal y social. Lo habitual es el acoso.
Se acabó el verano para la vida de los pueblos. La gente se va. Es como la salida de los rebaños trashumantes hacia la Extremadura dejando sus últimos balidos en el aire de los montes serranos
Veo las imágenes de los montes en llamas que elevan al cielo la destrucción de la vida en la Naturaleza y la de los pueblos aledaños en amplios territorios de nuestra España, sobre todo la “Vaciada”, y se me eriza la piel.
Desde la entrada del verano los pueblos de pinares dibujan en el paisaje un mapa variopinto de festejos con una vocación abstracta de airear el divertimento.
Unos ojos inmensos recién estrenados a la vida atrapan un alud de imágenes desde su cochecito de bebé: ajóoo, ajóoo… Ríete hijo, riéte, aggg, buhhh… Mira cómo carcajea mi niño. A su lado otra mirada idéntica bajo la capota de otro carrito acusa la llamada de mamá: Pues el mío ya dice pppaapáa. A ver hijo, llama a papá: Agg..puuuf ¿ves?...
Estamos viviendo momentos de tal incertidumbre que la felicidad debe aprovecharse en el momento que se presenta. Ahora tildamos de falta de honestidad y honradez a toda la clase política. Todos son corruptos.
He paseado por mi carretera de los recuerdos en una primavera exuberante bajo el sol mañanero. No se podrá plasmar en ningún cuadro los matices del verde reciente cubriendo hasta los más inhóspitos rincones oscuros y empedrados.
En el lenguaje coloquial decimos: “Anda, apaga y vámonos” cuando algo no funciona y no hay nada más que hacer porque la situación es absurda y carece de sentido seguir hablando ante la inútil esperanza de solución.
Entramos en la primavera de forma inusual en el ambiente que nos rodea. Nuestro refranero deja anotado otro tipo de perturbaciones atmosféricas para este mes de marzo y el próximo mes de abril:
Volviendo la memoria a tiempos lejanos, revivo a las personas ejerciendo sus tareas en el campo al lado de los animales.
Vivimos en un mundo saturado de palabras huecas de significado concreto. Las encontramos en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las conversaciones cotidianas…
Repito hasta el hartazgo que por mis venas circula savia de los pinos. Y que la mirada me lleva a las ramas que hilan bordados en el cielo y en el paisaje.Mi vida se ha tejido entre diferentes aventuras y tareas urdidas en el pinar.