sábado 28/11/20
La opinión de
Guadalupe Fernández
Guadalupe Fernández Desde Neila

Nuevo rumbo en la vida

En la orografía que me rodea están impresas las historias de mis antepasados que se han inoculado en mis genes como un aditivo más en mi desarrollo empírico y emocional.

 

Existo, luego protesto

Emulo con este título, al famoso filósofo francés del siglo XVII René Descartes y su famosa cita: “Pienso luego existo” donde acentúa el papel de la razón  para conocer la realidad objetiva que nos circunda.

Un otoño especial

Entramos en el otoño, una etapa del año acorde con la arribada próxima al frío invernal. Se van tiñendo de amarillo algunos retazos en las ramas de los chopos, hayas, robles, encinas… como perlas de oro enmarcadas en el horizonte del “Alto pinar” de García Lorca.

           

Lenguaje gestual

Son los gestos una actitud indeleble en nuestra comunicación, y con muchos significados dentro de cada contexto social. 

Ni qué decir, ni qué decir

Las palabras se enredan en trayectorias inexpugnables cuando la vida discurre en un monótono deambular por los estrechos y oscuros caminos de la incertidumbre

Lo que nos rodea

Estoy escribiendo pasadas veinticuatro horas de mi deambular junto a las lagunas Negra y Larga de mi pueblo, Neila.

Bajo las sombras

En el abordaje a la palabra “Sombra” nos llegan múltiples significados para un solo significante de seis letras.

Desde mi ventana

La tarde transcurre lentamente con el goce de una lectura especial. No leo las palabras de un libro que relatan acontecimientos novelados o históricos perfectamente hilados en su estructura narrativa.

Conductas positivas

Era mi madre una excepcional narradora de cuentos. Mis hermanos y yo nos hemos beneficiado de aquellos relatos ancestrales donde los personajes   dibujaban sus siluetas en un coqueteo de ficción entre escenarios regios y sombras tenebrosas.

Una primavera histórica

En los libros de Historia quedará reflejada esta pandemia del covid 19 como un reflejo indeleble de nuestra condición humana, sometida al “quehacer” de un coronavirus.

 

Conductas positivas

El filósofo griego Diógenes daba siempre la misma respuesta a la pregunta sobre su origen: “Soy ciudadano del mundo” –kosmopolités-. Él no se veía a si mismo como “habitante” de un lugar determinado adscrito a una nación, credo, raza o estrato social, sino un sujeto poseedor de humanidad.

Cuestión de responsabilidad

Nunca, en mi vocabulario usual he utilizado la palabra “desescalada”. En mi casa, había una escalera de ascenso a la vivienda y al desván con unos “escalones”.

Una dura realidad

En los días de nuestra vida, desde la infancia hasta la senectud, hemos soñado con situaciones imaginarias dando pábulo a leyendas o tradiciones ajenas a la realidad.

Con arrojo y valentía

Seguimos con este “encarcelamiento” impuesto para asegurar nuestra subsistencia. Sobre todo a partir de los 65 años de vida, a quienes se nos denomina ancianos.

                                                        

 

En la misma orilla

En esta etapa de la soledad vivida con el confinamiento, los mayores acudimos a los recuerdos de nuestras emociones. Me viene a la memoria una canción de Iva Zanicchi: “Orilla blanca, Orilla negra”.

 

Sin palabras

Estoy sentada frente al ordenador sin poder evocar un pensamiento positivo. Son los sentimientos de la pandemia del “coronavirus” los que ciegan una inteligencia crítica. 

En el rincón de pensar

Cuando me pongo a escribir estas palabras, soy consciente de estar grabando, en lenguaje escrito, un relato trascendental en la historia de nuestras vidas.

La salud es lo primero

Son fechas en las que había decidido hablar de nuestros recuerdos en las fiestas de Carnaval, y de su trayectoria de reciclaje festivo en diferentes pueblos de nuestra tierra.

Historias no escritas

En este breve relato cuentan sólo los años transcurridos, y no los siglos, aunque así lo parezca.

Huellas que no desaparecen

 Es nuestra mirada la que recorre cada uno de los lugares donde se asientan los recuerdos imperecederos